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martes, 8 de octubre de 2013

La herida

8/10
La herida (España, 2013).
Dirección: Fernando Franco.
Intérpretes: Marian Álvarez, Manolo Solo, Rosana Pastor, Ramón Barea, Ramón Agirre.
Guión: Afernando Franco, Enric Rufas.
Música original: Ibon Agirre, Ibon Rodríguez.
Fotografía: Santiago Racaj.
Montaje: David Pinillos.
Idioma: Español.
Duración: 95 minutos.



Cúrame esta herida, por favor

La primera secuencia ya es en una declaración de intenciones sobre lo qué va a ser La herida. Empieza el film con un primer plano de la protagonista, con el que la cámara trata de adentrarnos a su interior. Sin que haya corte alguno, la seguimos hasta el baño. Ahí encontramos la primera decisión importante del film. Siempre vamos a acompañar a Anita. El director quiere que nos pongamos en su piel, que la entendamos.

Pero hay otro elemento clave en esa primera secuencia. Cuenta el autor que -sobre el papel- el momento en el que entra en el baño era bastante más escandoloso. Tras comprobar que no funcionaba, durante el rodaje se cambió a algo más comedido. La sutilidad suele resultar mejor que el exceso. Sobre todo, si hablamos de un film cuyo objetivo es ser lo más fiel posible a la realidad. Y ése es otro principio que sigue La herida a rajatabla.

Fernando Franco debuta en la dirección con un film que da visibilidad a un trastorno de personalidad, y lo hace desde el rigor y la honestidad. Franco huye del tremendismo para sumergirnos en retrato dolorosamente humano. El film abarca la doble dimensión del personaje, tanto la individual como la social. Los muchos momentos en los que vemos a Ana en soledad son decisivos para comprender su sufrimiento. Esa cara que nadie ve, y que hace imposible por parte de los que la rodean el entendimiento global de lo que realmente ocurre.

Como complemento perfecto, vemos su comportamiento en las relaciones sociales. Una persona que da cariño, pero que también lo demanda, muchas veces de forma desmesurada. La relación con su pareja se basa en una continua violencia verbal seguida de arrepentimiento. Una madre pusilánime que querría ayudar, pero es incapaz de hacerlo. Un padre con el que se nos sugiere hay pasado turbio. Y una secuencia magistral con una antigua amiga que refleja el poco pie que hace Anita con la realidad.

Su trabajo parece el único oasis que la sujeta (también son relaciones más sencillas que las personales). Con los pacientes es fácil dar y recibir, sentirse realizada. Incluso su compañero de ambulancia -genial Manolo Solo- se convierte en un importante sustento. Alguien que sabe mantener las distancias para que no le afecten demasiado las salidas de tono de Ana, y que a la vez sabe ser cercano para sacarle más de una sonrisa (maravilloso el momento karaoke).

Esa secuencia de la fiesta es una síntesis perfecta de lo que le ocurre a Ana. Ella busca la felicidad, se integra, ríe, flirtea, juega… hasta que un simple comentario sin importancia se convierte en un abismo imposible de superar. Y llegan la frustración, la nula autoestima. Ese continuo querer y no poder que tan bien queda retratado. Algo que no hubiera sido posible sin el inconmensurable trabajo de Marian Álvarez. Como hemos dicho, la cámara no la deja ni un minuto. Así que, en última instancia ella es la película. Se nota el concienzudo trabajo entre director y actriz para sacar adelante un personaje tan complicado, y que al final respira tanta verdad.


La herida no es una película fácil, ni complaciente. Ni siquiera amable, aunque muestre un rayo de esperanza en su planteamiento. Quiere quiere ser justa con el sufrimiento, pero huye del regodeo en el mismo. Cruda y directa, pero muy respetuosa. Un film que sabe exactamente cómo debe terminar. Con una catarsis sencilla, una explosión de lágrimas, que son frustración a la vez que esperanza. Una obra de envidiable coherencia. Fernando Franco se destapa con una ópera prima sin fisuras, una de las mejores películas hechas en España en los últimos años


Manuel Barrero Iglesias

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