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martes, 29 de mayo de 2018

Relatos cinéfilos: ¡Culpen a su melena!


Por Víctor Garijo



Acabada la lectura de la colección comiquera Las aventuras de Tintín y todavía en shock al descubrir que Laika no había sido el primer cánido en viajar a la Luna, salí a la calle con mi mirada circunspecta y mis latas de bebida isotónica,… ¡ojo, dejé el whisky! A mi parienta no le gustaba mi aliento después de una noche de farra, e intenten decidme otro motivo mejor pero, bajo sus amenazas siempre rectifico. Que sea parienta de King Kong, créanme que no ayuda. Nunca me gustaron las mujeres velludas y esta clama al cielo pero, ¡qué no haría por sus caricias, por sus tortillas y empanadillas, y por nuestras noches de barbacoa asando chuletillas! 

Créanme lectores pero si para pagarle las facturas de la depilación por láser —y no se puede decir que vengan dando resultado—, tuve que vender mi Torino, es porque la quiero.

Nuestra historia de amor puede considerarse cualquier cosa pero para nada, bajo ninguna condición, admitiré que es convencional. Todo mi círculo me  llamó tarado pero viéndola menear sus caderas, se me olvidó el arte de la mecanografía. En su pequeña granja, en mitad de la inconmensurable meseta —y donde ejercía de veterinaria—, instalé mi estudio de fotografía. Inmortalizar las choperas no era lo más pero por fortuna lavadle la cabeza en el riachuelo, siempre me ha puesto a cien. 


A ella también que brama como si la berrea fuese diaria. 

domingo, 29 de abril de 2018

Relatos cinéfilos: El día que Red me esportilló los dientes



Por Víctor Garijo

Del señor Red podríamos hablar durante tres horas o incluso tres años, y sin detenernos ni tan siquiera un segundo para observar y asimilar el deterioro del ecosistema. Empero con subrayar que con un atroz garbilote sentaría al Sylvester Stallone de Rambo nos vale para visualizar, a grandes rasgos, su poderío físico. El mismo que lo encumbra como un titán con el que no merece la pena discutir sobre lo aburrida que es la saga de Bond —salvo que te merezca la pena acabar pidiendo la muerte por absoluta prioridad a sobrevivir sin dedos—. Ante su presencia o solo con escucharlo hablar, he de reconoceros que me echo a temblar y entre sollozos llamo a mi mamá. Y sin embargo en nuestros primeros años de amistad —durante el tiempo que lo creí titulado en pedagogía y magisterio— lo creí un ser inofensivo de espaldas anchas y carismática sonrisa; jugador magistral del póquer y ferviente admirador del Dalai Lama, ¡pero caray qué equivocado estaba!
  Mi querido Red en el más sofisticado de los silencios era el jefe de un comando donde su único miembro capaz de respirar era él.
Su compañero había muerto en brazos de una mujer barbuda y se llamaba Brandon Stone.
Para cuando lo supe quise morir de la risa. Lo evitaron y…  sin lamentarlo decidí escribir mis memorias. No obstante antes me fui al emblemático pub de Frank y me chispé.



martes, 27 de marzo de 2018

Relatos cinéfilos: Hablemos de Nostalgia



Por Víctor Garijo


¿Recuerdas aquel día en el que nos conocimos? Nuestros caminos se cruzaron donde las tristes gaviotas se despedían del verano, mis dedos sujetaban un cigarrillo y los tuyos acariciaban las teclas de un piano. A menudo de hecho, brincaban sobre ellas, rápida e inquisitivamente. Jugando con el devenir de un futuro incierto. Ambulantes como el espacio tiempo con el que luego nos acribillaríamos a preguntas sosteniéndonos la mirada, aparentando serenidad, disfrutando de las caricias de los días, bebiéndonos cada segundo desde nuestras coloridas pajitas, y muy gustosos por habernos conocido cuando la playa ya no era un escandaloso patio de recreo. Ciertamente cuando escribo me dejo llevar abandonado a la fuerza de unas palabras que inexplicablemente darán consistencia a una vida, a un sueño, a un marco en el que eres la protagonista, y sí, Flaqui, allí donde estés disfruta de la esencia de los días. Son nuestro más preciado tesoro.
Pero —y mientras llega septiembre— no olvides de cantar la canción de Camilo Sesto.


martes, 5 de diciembre de 2017

Relatos cinéfilos: Alice


Por Víctor Garijo


Sentí una oleada de frío recorriendo mi espalda cuando Alice descendió por las escaleras de caracol, las que dan vida al hall de su mansión. Entre sus dedos sostenía un cigarro y cuando la tuve a mi lado, encañonándome al lóbulo de mi oreja derecha, exhaló todo el humo. El que sabía a alquitrán con una pizca de aroma a frambuesas. Encendió una lámpara, se sentó en un sofá barroco donde reposando mi culo la acompañé, y pronunciándose con un claro acento galo —cruzando las piernas, jugueteando con su esférico llavero—,  me descubrió por qué la tildaban de asalta cunas. Quise besarla pero para mí horror recordé haber superado los treinta. Disimuladamente empecé a desarrollar mi laborioso trabajo de detective privado: comencé por preguntarle por su esposo. Ella disimuladamente elevó la punta del zapato hacía la puerta acristalada que daba al jardín. No supe qué demonios pensar  —encontrar una pala manchada de barro con rastros de sangre en el mango no era nada más que una vulgar casualidad—, y desnudándome, quitándome los tirantes como nadie, me demostró que también le gustaba devorar detectives estúpidos.

martes, 31 de octubre de 2017

Relatos cinéfilos: El último Halloween


Por Víctor Garijo


Acabé por ceder, y me limpié las gafas al tiempo que mantenía mi silla a dos patas, —huelga decir que adoro el riesgo—, y en tanto y en cuanto pasé el pañuelo por los sucísimos cristales tres veces, estirando el brazo y rotando la gobanilla, abrí la puerta.
— ¿Cómo sabias que iba a llamar? —se atrevió a preguntarme Lauren, y sí, entre sus dedos índice y pulgar sostenía un cigarrillo. Se lo arrebaté y lo hice prender de mis labios. Fumé apasionadamente y ella, quien sostenía sus bártulos de pilates, rascándose una mejilla rojiza, me lanzó una mirada de astuta cazadora de leyendas. El brillo de su pupila agitó mi estomago. Ella lo escuchó manifestarse y sencillamente me besó. 

sábado, 7 de octubre de 2017

Relatos cinéfilos: La facilidad de vivir en un constante frensi


Por Víctor Garijo

Ya no acumulamos años, ya no sumamos días, no querida amiga mía, ahora, atesoramos momentos, y los celebramos in situ, alzando una gran sonrisa mientras ufanos brindamos. Mira, a ti que me enseñaste a bailar sin STOP te deseo lo mejor porque no habrá nunca calle que aparezca lo suficientemente oscura al ritmo de nuestras caderas. Baila mi niña de los ojos verdes, baila, yo, esta noche me ocuparé de pinchar. Atravesaremos las calles de Albacete, surfearemos las olas Cántabras y nos rendiremos ante los encantos de las auroras boleares desde un cielo que infinito nos hemos recorrido. Y quiero escucharte cantar, suave, también alto, y además deseo verte, admirarte, subir a un piano. Lo quiero ver ahora, Flaqui, porque sí, porque la felicidad no soporta demora y tu sonrisa de pirata invita a cumplir sueños. Querida mía, salta, brinca, vuela, mis brazos siempre serán tuyos. Como tu mirada siempre será la que me contemple al tiempo que lees desde una de esas nubes uniformes que fueron el trampolín hacía lo que somos hoy.


Choca los five, lo mejor está por llegar. 

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Relatos cinéfilos: La antipatía en llamas


Por Víctor Garijo
¿Quién me iba a decir esta mañana que el viaje en autobús se complicaría de esta manera cuando perezoso me giré y recibí tus caricias, encontré tus risas y silbé ante la idea de contemplar tus mechas sacudidas por la brisa? Nadie.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Relatos cinéfilos: Nothing Can Change This Love


Por Víctor Garijo


Escuchábamos a Sam Cooke cuando acaricias muy paulatinamente, jugando con la camiseta, mi hombro, y me giro para contemplarte. Estiras mis labios y dejándome arrastrar por tu alegría, diseñas una amplia sonrisa. Haciendo rotar sobre tu dedo índice un globo terráqueo me invitas a viajar. 

«Querida amiga, querida Flaqui, el mundo nos pertenece,..», me atrevo a susurrarte y ante mis palabras, las que ambicionaban una profundidad de poeta demasiado esquiva, respondes lanzándome un arsenal de cojines que no logran amortiguar tu torrente de carcajadas: ¡qué más quisieran ellos!

En píe, sí, al fin, despejando mi flequillo con tus manos, ufano, oso a enredar en tus cabellos a la zaga de magia, mas magia eres tú. Sí, querida Flaqui, la magia  es poder abrazarte allí donde estés. 

Te atreves a besarme y de nuevo, otra vez, todas las leyes del tiempo se hacen añicos. 
Nada importa cuando pestañeas; todo es posible cuando rozas levemente con tus alas de Campanilla cualquier mejilla. 

Dedicado a todas mis Lauren Bacall, incluso a aquella que dejó New York para recaer en Bilbao, donde su Steve la esperaba consumiendo cigarros, navegando entre olas que solo en principio parecían imposibles.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Relatos cinéfilos: Afuera llueve, pero saldremos sin paraguas.

Por Víctor Garijo




Había pedido consumir una bebida isotónica —rehuyo del whisky sino es para beberlo viendo Días de cine y solo me agrada cuando lo bebo después de cenar macarrones— cuando me senté, crucé mis brazos y escuché. Durante un tiempo impreciso pero demasiado hermoso derroché mi vida en aquella cafetería, viéndola y escuchándola, padeciendo un hambre y también un dolor de cabeza que sin lugar a dudas fueron todo un castigo a mi prudencia. Quise entender su verborrea, pero ahora, después de haber dormido durante ocho horas que ojalá hubiesen sido ocho años, sé que comprender lo que un animal como ella escupe, nunca será un reto asumible. De hecho, mientras escribo estas líneas, considero que sería más loable dedicarme al funambulismo.

Ahora que, escucho al señor Otis Redding apareces tú y lo haces enmarcada en una amplia sonrisa, danzando y brindando al desorden tu mayor elegancia, me acaricias un hombro, y jugando con mis cabellos, los cuales eché a remojar al zambullirme en la piscina, me susurras al oído:   

— El tiempo que nos fue concedido es demasiado escueto e impreciso, toda una incógnita, como para dejarse bañar en gilipolleces. Nunca lo olvides.

— De hacerlo estaría perdido —añado y te invito a salir en busca de estrellas que conquistar. 
Afuera llueve pero iremos sin paraguas. 

jueves, 25 de mayo de 2017

Relatos cinéfilos: Soñar en frío

Por Víctor Garijo

Ugalde lleva frente a su máquina de escribir alrededor de una hora, sostiene los pesados párpados con un esfuerzo titánico y sonríe, está divirtiéndose mientras, con un leve dolor de cabeza, desarrolla un trabajo de oficina que no le apasiona demasiado. Preferiría estar enfrascado en otras actividades. Las cuales empiezan en la barra de un bar escoltado por dos chicas de las cuales, no recordará nunca más su nombre, pero no olvidará jamás las sensaciones que le generaron. No únicamente los besos saben a miel. También existen carismáticos acercamientos por el inocente masajeo de hombros y piernas, como achuchones en el corazón. Sí, vayamos a reconocerlo, Ugalde está enamorado de la chica de al lado. La mira de refilón, y ahora, volcando el mentón hacía delante, ahuecando las manos en torno a un arrugado cigarrillo, le prende fuego. La barba le pica, sin darse prisa, se rasca y bobaliconamente clava la mirada en las cortinas amarillas que tiene frente a él. Amarillas como la blusa de su querida. Sus ojos están enrojecidos por el esfuerzo, nunca en vano, de soñar en frío. Delirando empuja el puente de sus gafas; se gira, la mira, la invita a un café. Ella vuelve a responderle negativamente, alude que está felizmente casada, Ugalde el constante, mirándose las uñas, se pregunta si eso es parte de una burda mentira, desconoce que la atosiga. Lleva toda una vida creyéndose el hombre invisible de la muy femenina oficina.

sábado, 25 de marzo de 2017

Relatos cinéfilos: El hombre de tinta


Por Víctor Garijo

Querido amigo, entras en la biblioteca arrastrando unos pies descalzos que pese al frío reinante en el hotel, mantienes calientes, y en pijama de rayas te aproximas hacía la ventana. Entre las manos sujetas un libro que has releído una docena de veces buscando respuestas que todavía permanecen expectantes, sonriendo picaras, mientras con ese cigarro entre los labios y ese aire atemporal, las buscas incansable. Porque, y perdona que te lo diga, pero, ¡caray!, ambos sabemos que me lo perdonas todo, con frecuencia eres terco hasta rozar la completa incompetencia. Siendo tu amiga más coqueta, zalamera, juguetona e inspiradora, una noche más, llego hasta ti después de contemplarte de espaldas a la chimenea, te masajeo esos hombros hundidos en miles de devastadores recuerdos, te beso en las mejillas porque no soportarías un beso mío en los labios, y, sosteniendo una copa de coñac con dos pajitas insertadas, te invito, a dar un paseo. Aceptas pese a los grandes copos que caen, y de la mano, riéndonos, como dos desafiantes lunáticos, salimos al encuentro del Yeti. 

sábado, 21 de enero de 2017

Relatos cinéfilos: ¿La primera película del año? Déjenme que no decida

Por Víctor Garijo


Estamos en el duodécimo día de enero y todavía no he visto una película porque cómo ver cualquiera y errar viendo una cinta olvidable, y ese es uno de mis pensamientos más recurrentes cuando me miro al espejo, o cuando me pongo las gafas. Tal vez incluso, cuando quiero prender fuego a mi vigésimo cuarto cigarrillo de la mañana, el que me fumo entre las diez y las diez y media, apoyado sobre la puerta de mi nevera o asomándome a través de la ventana, cuando todavía no sé dónde me llevarán los pasos de un día que se caracterizará por tenerme en vilo, pendiente de las musas. Esas damas coquetas y elegantes, las que saltan en círculos y me empujan hacía el precioso abismo que es la escritura. Me gusta Clint Eastwood, me digo abotonándome una camisa no limpia, sino impoluta, pero también admiro el talento de Billy Wilder, uno de los poquísimos cineastas que me hacen reír, agregó echando a caminar, y por qué no Allen, me pregunto mientras subo los escalones del autobús. El caso, amigos, es que no sé qué cojones hago sin ver una película ya. Si, la que sea, aunque no valga paa naa, aunque solo me apetezca llorar porque su realización sea pésima. Da igual. Tendré 353 días para enmendarme, pero que el juego, caray, empiece ya.


Al fin y al cabo, el cine, queridos, solo es CINE: espectáculo en movimiento, arte fulgurante que nos eriza el vello; y yo, solo soy un opinador más, un hombre que se abotona hasta el cuello porque desde la butaca, se siente mínimo. 

lunes, 19 de diciembre de 2016

Relatos Cinéfilos: Noche del sábado

Por Víctor Garijo


¡Aúpa, mí querida Flaqui! Te miro, y quedándome prendido de tu elegancia vampiresa, sentándome en una cama donde por casualidad encuentro más de quinientas páginas

miércoles, 19 de octubre de 2016

Relatos Cinéfilos: "El cálido aliento"

Por Víctor Garijo



— Arriba las manos —exclama una voz que me es rotundamente familiar, para mi desgracia. O quizás para mi absoluta fortuna.

lunes, 15 de agosto de 2016

Relatos Cinéfilos: "Bogart, el seductor"

Por Víctor Garijo


Acabé la semana hecho una birria, falto de un pulmón y del hígado; empero esta noche, después de cenar un batido de espinacas, Lauren Bacall me arrastra al interior del Halcón Milenario. Una vez dentro, puesto a rular el reproductor de música, cerradas las puertas, y observando embobado las calles desérticas de mi pueblo, me abrocha el cinturón. 

 
 
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