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lunes, 10 de junio de 2013

Docs Barcelona 2013: INFILTRATORS + THE QUEEN OF VERSAILLES


Obviando defectos de proyección no precisamente dignos de la altura de expectativas del festival, el Docs propone en uno de sus espacios más ambiciosos dos retratos de crisis. Lejos de pretender comparar el conflicto de Oriente con el crack de Occidente, encontramos una mirada sobre nuestras respectivas crisis de sociedad que nos induce a reflexionar sobre nuestra propia actitud como individuos dentro de ella. Dos formas de supervivencia, en la medida de su contexto, como dos maneras diferentes de retratarlas cinematográficamente.
En Infiltrators una cámara totalmente subjetiva, y anónima al mismo tiempo, nos hace sudar trepando en vertical y sin apoyos, zambullidos por túneles que dejan sin respiración y mimetizados con la noche tratando de evitar las piedras de la caída. Un trabajo físico del que participa una cámara infiltrada, temblorosa, asustada y a veces incluso fatigada, que todo lo ve limitada por un muro que le impide alcanzar su objeto de deseo, al que se aproxima una y otra vez como magnetizada por un poderoso imán. Silenciosa y descriptiva acompaña clandestinamente tantas historias sin nombre, como razones desconocidas precipitan a hombres y mujeres contra el muro de la división palestino-israelí. Un documental en bucle y tan lleno de interrogantes como el conflicto que lleva décadas estancado en torno a un muro.
La de Occidente es la crisis del Monopoly, o lo que es lo mismo, toda una partida construida sobre calles de cartón con dinero de mentira. La familia Siegel es la viva imagen del American way of life o en su propia versión edulcoradamente autoconvencida, la construcción literal del sueño americano, sobre tierras poco firmes, eso sí. La competición que empieza como un juego divertido de estrategia y superación poco a poco se sumerge en un intrincado barullo de condicionales especulativas ligadas a los mercados y a la banca, esa banca que ya sin cambios alerta a los intrépidos inversores de que su partida se está consumiendo.

En ese proceso de ir soltando lastre, el ego va dejando aflorar al auténtico yo superviviente y es entonces cuando el relato termina despojándose de esa nebulosa de lentejuelas para revelar auténticas declaraciones de principios. Como en un reality de la MTV, la cámara se sienta entonces a esperar a que las fichas se muevan libres por el tablero, quedando totalmente al descubierto. El que comienza como un retrato caricaturesco de la grandeza del poder económico americano, caprichoso y hortera, termina convertido en el más realista de los shows televisivos donde todos los personajes juegan un rol decisivo como responsables de su caída, nuestra propia caída.


Sara Martínez Ruiz

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