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jueves, 14 de junio de 2012

Johnny Depp: Estrella a su pesar


Nicolas Cage puede ser detestable por muchos motivos, pero hay una cosa por la que siempre le tendremos que estar agradecidos. Él provocó que nuestro protagonista de hoy se acercara al mundo de la interpretación. Por aquel entonces, Depp andaba más pendiente de la música, su gran sueño de juventud. Con su guitarra eléctrica y las drogas como constantes compañeras de viaje, su caso era el del típico aspirante a rebelde rockero.
Pero como decimos, el cine se cruzó en su vida. Con veinte años debutó en un film que no le daba mucho margen para demostrar sus cualidades interpretativas, pero Depp siempre podrá presumir de haber participado en una cinta mítica del cine de terror del calibre de Pesadilla en Elm Street (1984). La intrascendente comedia adolescente Punto de recreo (1985) y un pequeño papel bajo las órdenes de Oliver Stone en la oscarizada Platoon (1986) precedieron a uno de los momentos clave en su trayectoria.

La televisión lo lanzó al estrellato gracias su personaje de Jóvenes policías. Cuatro temporadas en la piel de Tom Hanson le sirvieron para convertirse en ídolo de adolescentes. Un rol en el que no se sentía nada cómodo, y con el que rápidamente trató de romper. Y qué mejor forma que ponerse a las órdenes de un director tan 'underground' como John Waters. Aunque Cry Baby (1990) no sea el Waters de los inicios, siempre queda algo de ese espíritu irreverente que en esta ocasión parodia los musicales del estilo Grease. Además, a Depp le sirvió para cumplir (aunque fuera en la ficción) su sueño de ser una rock star.

Y entonces llegó el hombre que definitivamente marcaría su carrera profesional. Tim Burton lo escogió para ser Eduardo Manostijeras (1990), y el resto ya es historia. Una hermosa película de culto que dio inicio a una relación que se extiende hasta la actualidad, y que contiene ya ocho títulos. Un director que siente predilección por los personajes marginados y “raritos”, junto a un actor que siempre ha proyectado esa imagen. Tal para cual. Además del joven con tijeras en lugar de manos, Depp ha sido Ed Wood (el considerado ‘peor director de todos los tiempos’), el excéntrico Willy Wonka, El sombrerero loco, o un barbero diabólico.

Justo un año antes de protagonizar la grandísima obra maestra de Tim Burton, Depp fue dirigido por dos directores de importancia. Con Emir Kusturica rodó El sueño de Arizona (1993), y con Lasse Hallström la hermosa ¿A quién ama Gilbert Grape? (1993). Además, una discreta película que servía para engrosar su lista de personajes excéntricos, el Sam de Benny & Joon (1993). Y en 1994 fue Ed Wood, superlativa declaración de amor por el cine, filmada en un bello blanco y negro. Depp conseguía reflejar toda la inocencia y el entusiasmo de un director de cine cuya única arma era su desmedida pasión por el séptimo arte. Además de protagonizar una hermosa historia de amistad con el Bela Lugosi de Martin Landau.

Ese mismo año, entabló amistad con una verdadera leyenda del cine aún viva por entonces. Don Juan de Marco es una olvidable película que le sirvió para coincidir con Marlon Brando. Al fin Depp hacía valer su tremendo atractivo para hacer un personaje, aunque su Don Juan (no podía ser de otra forma) estuviera bastante próximo a la locura.

En 1995, un par de trabajos excelentes, muy distintos entre sí. Cine de autor en ese peculiar western que dirigió Jim Jarmusch y que responde al nombre de Dead Man. Otra vez en blanco y negro, este magnético film se encuentra entre los mejores trabajos del actor, que nos regala una maravillosa creación. Por otro lado, participó en una pequeña obra de artesanía que funcionaba como un reloj. Un thriller que transcurre (más o menos) en tiempo real, y que resulta un más que digno entretenimiento. A la hora señalada era su título en español.

Fue entonces cuando quiso probar suerte en la direcciónThe Brave (1997) es una película en las que están sus raíces indias, y en la que Brando le regaló su impagable presencia. Un drama sobre las snuff-movies que si bien no era ni mucho menos un film redondo, sí que mostraba un buen puñado de virtudes.

Antes de que acabara el siglo continuó participando en proyectos interesantes con directores de prestigio. Mike Newell le dio la oportunidad de demostrar su talento en un rol muy alejado de lo que habitualmente hacía. Donnie Brasco (1997) es un sólido drama mafioso en el que Depp aguanta bastante bien el tipo como policía infiltrado ante un grandioso Al Pacino (en uno de sus mejores trabajos). Y bajo las órdenes de Terry Gilliam participó en uno de los filmes más lisérgicos de la historia del cine. La excesiva Miedo y asco en Las Vegas (1998) nos mostraba a un Depp despojado de su atractivo, pero que seguía derrochando talento.

Ya en 1999 volvió a colaborar con Tim Burton en la excelente Sleepy Hollow, y Polanski lo reclutó para La novena puerta. Desde luego, no es la mejor película del director polaco, pero sin duda Depp no podía dejar pasar la oportunidad de trabajar con uno de los grandes. Aunque de ese mismo año es La cara del terror, el que parece primer trabajo puramente alimenticio de su carrera (o quizás no quería desaprovechar la ocasión de trabajar junto a Charlize Theron).

2003 sería el año que le cambiaría la vida, pero antes, cinco trabajos irregulares, aunque siempre tratando de no perder ese halo de prestigio. Bajo la batuta de Sally Potter en Vidas furtivas (2000), su doble papel (como militar y como travesti) en Antes que anochezca (2000), o su reencuentro con Lasse Hallström en la dulce Chocolat (2000). Blow y Desde el infierno (ambas de 2001) fueron sus últimos trabajos antes de encontrarse con Jack Sparrow.

Piratas del Caribe. La maldición de la Perla Negra (2003) le colocó definitivamente en el primer plano, ese del que siempre ha querido huir. Un tremendo éxito en taquilla, su primera (¡!) nominación al Oscar, y tres secuelas que han incrementado la fama y fortuna de Depp. Parece que con los años se le ha curado esa alergia a los focos, y ahí sigue, encantado de ponerse en la piel de Sparrow una y otra vez. A partir de entonces su carrera ha estado inevitablemente marcada por el pirata, y ha dejado de tener la envidiable coherencia que mantuvo durante el quinquenio anterior. No es extraño encontrar productos de poco interés, como La ventana secreta (2004), The Libertine (2004), The Tourist (2010) o Los diarios del ron (2011). Amén de toda la saga bucanera. Que sí, la primera tenía su (relativa) gracia. Y la creación de Depp era excesiva y muy divertida. Una vez está bien, pero luego ya cansa.

Unos años en los que no ha dejado de trabajar con su alma gemela, Tim Burton. Lo malo es que el director tampoco vive sus mejores momentos. Y si bien La novia cadáver (2005) y Sweeny Todd (2007) eran películas de gran calidad; Charlie y la fábrica de chocolate (2005), Alicia en el país de las maravillas (2010), o Sombras tenebrosas (2012) son de lo más flojo que ha hecho la pareja. Sí que nos ha sorprendido con su buen humor, apareciendo en gamberradas como El mexicano (2003), o haciendo cameos en filmes como Jack y su gemela (2011) o Infiltrados en clase (2012) -película basada en la serie que le dio la fama-.

Eso sí, todavía hay pinceladas en las que nos deja apreciar su talento con productos de calidad. En Descubriendo Nunca Jamás (2004) se metía en la piel de J. M. Barrie, consiguiendo su segunda nominación al Oscar. Terry Gilliam recurrió a él para que fuera uno de los tres actores que sustituían al fallecido Heath Ledger en El imaginario del Doctor Parnassus (2009). Mientras uno de los grandes autores de estos años, Michael Mann, contaba con él para esa magnífica película que es Enemigos públicos (2009).

La película francesa Ils se marièrent et eurent beaucoup d'enfants (2004) y la animada Rango (2011) completan la filmografía de esta peculiar estrella. Un actor de irresistible atractivo que nunca ha querido explotar esa imagen. Un actor de enorme talento que ha regalado sus mejores momentos a su amigo Tim Burton. Antaño, todo un rebelde sin causa. Ahora, ya convertido en un respetable padre de familia, su carrera es mucho menos arriesgada. Ya no hay tanto proyecto marciano en su agenda, y la sensación que da es que quizás haya perdido la pasión por la interpretación. Pero entre secuela y secuela de Piratas del Caribe siempre habrá la posibilidad de que vuelva el Johnny Depp de siempre, el que tanto nos gusta. El que nos conquistó irremediablemente. Y no gracias a su belleza, que también. Sobre todo, gracias a su afición por meterse en la piel de los más freaks. Tipos inocentes, marginados, y raros. Que, sin duda, es lo que nos gusta.


Manuel Barrero Iglesias

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