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miércoles, 24 de diciembre de 2014

Críticas: Mr. Turner

6/10
Mr. Turner (Reino Unido-Francia-Alemania, 2014).
Dirección y guión: Mike Leigh.
Intérpretes: Timothy Spall, Paul Jesson, Dorothy Atkinson, Marion Bailey, Ruth Sheen.
Música original: Gary Yershon.
Fotografía: Dick Pope.
Montaje: Jon Gregory.
Idioma: Inglés.
Duración: 150 minutos. 


Oda al gruñido

Por Manuel Barrero Iglesias

El biopic tiene códigos tan marcados que resulta harto complicado escapar de ellos. Incluso alguien tan radical como Abel Ferrara nos entrega un trabajo más convencional de lo que se podría espera con Pasolini (2014). ¿Pero es posible innovar en un género tan encorsetado? Fórmulas siempre hay, que le pregunten a Todd Haynes. Su retrato de Bob Dylan en I'm not there (2007) encuentra la forma de eludir lugares comunes y obviedades. La excepción que confirma la regla que rige el patrón de las películas biográficas. Se trata de contar un trozo de vida, intercalando de forma calculada vida personal y profesional. Y suelen convertirse en vehículos de lucimiento para un protagonista entregado a su transformación/imitación. 

Por supuesto, hay niveles. Desde el típico rutinario hollywoodiense hasta productos de qualité, como el reseñado de Abel Ferrara. O este que nos ocupa ahora. Es obvio que un director como Leigh va a cuidar, hasta el mínimo detalle, cualquier aspecto de su trabajo. Empezando por una fotografía que busca capturar la esencia del estilo pictórico del mismo Turner (y con resultado más que satisfactorio). Y continuando por un retrato del personaje que está más cerca de lo cotidiano que de los relatos 'bigger than life'. Mike Leigh no es Taylor Hackford, y el mínimo de calidad está garantizado. 
Pero es complicado no caer en determinados tics. Se nota la preocupación por combinar el lado artístico y el "humano" del personaje. Y se agradece la sutileza con la que el director aborda las relaciones personales del pintor, pero estas son mucho menos interesantes que las profesionales. Es ahí donde la película tiene verdadero interés, en la personalidad del Turner pintor y su relación con otros compañeros. Las reacciones del entorno ante sus "locuras", o las del mismo Turner ante los cambios del mundo. Volviendo al terreno de los personal, el film tiene dos momentos muy prescindibles. Se trata de las dos muertes principales, ambas mostradas de forma explícita. Dos momentos que en ningún caso reflejan la agonía del enfermo moribundo, y que dulcifican los últimos estertores muy a la manera hollywoodiense. 

Tampoco se libra Mr. Turner de la interpretación protagónica alabada de forma casi unánime. Y como suele suceder en estos casos, los halagos resultan excesivos. Timothy Spall tiene sus momentos brillantes -como no podía ser de otra forma-, pero su trabajo resulta irregular en conjunto. Tampoco ayuda ese abuso de los gruñidos, un recurso que tiene su gracia al principio, pero que acaba resultando tedioso. Como un trabajo al que le sobra bastante metraje.

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