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martes, 29 de enero de 2013

Bestias del sur salvaje


Beasts of the Southern Wild (USA, 2012).
Dirección: Benh Zeitlin.
Intérpretes: Quvenzhané Wallis, Dwight Henry, Levy Easterly, Lowell Landes, Pamela Harper, Gina Montana.
Guión: Lucy Alibar, Benh Zeitlin, basado en la obra de teatro de Lucy Alibar.
Música original: Dan Romer, Benh Zeitlin
Fotografía: Ben Richardson.
Montaje: Crocett Doob, Affonso Gonçalves.
Idioma: Inglés.
Duración: 93 minutos.


7/10

Paraíso apocalíptico

Aquí tenemos la película independiente de la temporada en Estados Unidos, ópera prima de un joven director que acaba de superar la treintena. La tremenda fuerza de Bestias del sur salvaje no se puede explicar sin hablar del entorno en el que está rodada. Una zona pantanosa formada por los meandros del Mississippi, y separada del mundo por un dique. Un lugar destinado a desaparecer bajo las aguas.

Un sitio fascinante, una extraña belleza que surge de la combinación entre naturaleza y los desperdicios del capitalismo. En esta fábula con tintes apocalípticos, los habitantes de “La Bañera” viven de forma salvaje, ignorando por completo los dictados del mundo que les rodea. Una especie de oasis mugriento en el que unos pocos valientes resisten, negándose a abandonar ese hábitat tan peculiar. Una rebeldía que es muy visible en Wink, personaje que sigue a rajatabla aquello de que es mejor morir de pie que vivir de rodillas.

Un claro alegato anticapitalista rociado con un tono poético que termina siendo algo cargante. Da la impresión de que Zeitlin no confía del todo en la fuerza de la imagen, y acaba quemando el recurso de la voz en off de la protagonista. Una poesía cursi que contrarresta el tono salvaje, y no precisamente para bien. Imágenes tan poderosas como las que podemos ver en la inundación tras la tormenta no necesitaban de tanta retórica.

Mucho más estimulante es el caos que reina en un film tan desordenado como la vida de sus personajes, encarnados por actores no profesionales. Resulta imposible no destacar a Quvenzhané Wallis, en una de las interpretaciones infantiles más poderosas que uno recuerda. Una niña de siete años que impone su presencia, y agiganta su figura en la gran pantalla. Asombroso.

Zeitlin apunta maneras. Su cine tiene fuerza, e intenta ser libre. No le asusta que los personajes crezcan fuera de su control, aunque no resulta nada fácil reinar dentro del caos. Talento hay. Defectos también, pero tiene toda una carrera por delante para pulirlos. Por el momento, le agradecemos que se atreva con un primer trabajo que arriesga, y que no se conforma con la modestia y el intimismo (que están muy bien, pero que siempre es un terreno cómodo para el independiente principiante). Zeitlin ha ido a por todas, un salto sin red que no siempre sale bien, pero que consigue unos cuantos momentos fascinantes.

Manuel Barrero Iglesias


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