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sábado, 28 de enero de 2012

El monje

4/10
Le moine (Francia-España, 2011).
Dirección: Dominik Moll.
Intérpretes: Vincent Cassel, Déborah François, Joséphine Japy, Sergi López, Catherine Mouchet.
Guión: Dominik Moll, Anne-Louise Trividic
Música original: Alberto Iglesias.
Fotografía: Patrick Blossier.
Montaje: François Gédigier, Sylvie Lager.
Idioma: Francés.
Duración: 101 minutos.


El Monje y el Diablo

Tercera adaptación de la novela gótica de Matthew G. Lewis; en la que Ambrosio, un monje capuchino, ejemplo de virtud en el Madrid del siglo XVIII, sucumbe (principalmente) al pecado de la carne guiado de la mano del diablo.

El que vaya con la novela leída encontrará que no es del todo fiel al original. Son muchas las tramas que se encuentran en esta novela, y Dominik Moll ha querido centrarse básicamente en el personaje que le da su nombre. Para esta labor, como es normal, hace algunos cambios. En primer lugar -y más importante-, deja de lado el matiz caricaturesco que tenía el monje de Lewis para transformarlo en un personaje más serio que se enfrenta a un destino trágico del que no es capaz de escapar, tanto por las trabas que le ponen los enemigos del Cielo como por su propia inherente debilidad. 

Por otro lado, Moll prescinde de algunos personajes e incluye otros; va a adaptar y a rematar de manera distinta las tramas que conciernen a Ambrosio, algunas veces de manera muy acertada otras no tanto. Sobre todo, cuando supone debilitar el papel de los personajes secundarios a los que incumbe.

A Dominkik Moll lo que más le sedujo de la novela no era su crítica a la religión católica sino la capacidad que tuvo de evocarle imágenes y quería plasmar esto en la pantalla. Los recursos con los que lo sobrenatural toma presencia en la vida de los protagonistas son, de nuevo, algunas veces acertados; pero en la mayoría de los casos, las visiones oníricas que plagan la cinta tienen cierto regusto trasnochado y padecen de cierta desubicación. Su ritmo es pausado, pero no fluye. Y cuando la acción se desencadena, lo hace de manera atropellada, produciendo una sensación de vacío y poca naturalidad dentro de la película.

A Vincent Cassel, que da vida al Monje, le vemos muy distinto a lo que estamos acostumbrados. Hace un gran trabajo de contención, lo cual es de alabar en un principio, pero es tan contenido que no se aprecia ni la evolución ni la lucha moral que se da a entender que se debate en su interior.

Moll quería contar un cuento y lo obtiene, pero el resultado es tanto una película como una adaptación bastante mediocre. Por un empeño minimalista, ha terminado con unos personajes insustanciales contrapuestos a una mirada diabólica demasiado potente, produciéndose un desequilibrio insostenible.

M. Lofish



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