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jueves, 10 de noviembre de 2011

Festival de Sevilla: Día 5

África ha sido el gran protagonista de la quinta jornada en la sección oficial. Una película belga y otra española se adentran de maneras muy distintas en el continente negro. Y para terminar, una película noruega que resulta ser lo mejor que hemos visto presentado a competición.


Blue Bird

Un insólito retrato de África, al menos en lo que se refiere a la elección estética. Gus van den Berghe opta por una fotografía que mantiene un frío tono grisazulado durante todo el metraje. En contraposición a los colores cálidos que dominan las películas rodadas en el continente africano, la opción cromática resalta el tono poético del film.
En este sentido, Blue Bird presenta ciertas semejanzas con Los pasos dobles, al intentar capturar la esencia africana en personajes reales que surgen a lo largo de un rodaje receptivo a todo lo imprevisto que pueda ocurrir. Aún así, los mejores momentos ocurren cuando están a solas los dos niños que son hilo conductor de la película. Por lo demás, esa buscada poesía muchas veces juega un papel perjudicial para la verdadera emoción.


Kënu

Por su parte, Álvarez Pastor se aproxima a África imitando la manera en la que lo suele hacer el  cine de Hollyood. Es decir, insertando un thriller dentro de la habitual problemática de corruptelas y demás. Una visión más bien superficial a la que le cuesta superar el etnocentrismo.

Si al menos estuviésemos ante una intriga emocionante todavía podría merecer algo la pena, pero tampoco en ese plano funciona este deslavazado film.




Siempre feliz

La primera agradable sorpresa del festival viene de Noruega. Seis escasos personajes componen este ácido a la vez que tierno retrato. Dos matrimonios con sus respectivos hijos tienen que enfrentarse con la realidad, más allá de la idílica apariencia de sus vidas. Una música que por momentos recuerda a Thomas Newman emparenta esta película aún más con American Beauty.

El gran mérito de la directora Anne Sewitsky es hacer creíbles y muy cercanos a sus personajes. Su humanidad, para lo bueno y para lo malo, es lo consigue dar credibilidad a una película que además tiene un guión de gran solidez. 

El clima también juega su parte importante. Y es que la frialdad se impone en una sociedad a la que le cuesta mostrar sus sentimientos. En este sentido, tenemos a los dos personajes que aceptan ese rol con toda naturalidad. Mientras los otros dos se resisten a ello, y luchan por encontrar la calidez en un mundo helado. Una incisiva película que no renuncia al final amable.


Manuel Barrero Iglesias

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