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jueves, 24 de noviembre de 2011

El gato con botas


Puss in Boots (USA, 2011).
Dirección: Chris Miller.
Intérpretes (voces): Antonio Banderas, Salma Hayek, Zach Galifianakis, Billy Bob Thornton, Amy Sedaris.
Guión: Will Davies, Brian Lynch, David H. Steinberg, Tom Wheeler, Jon Zack.
Música original: Henry Jackman.
Montaje: Eric Dapkewicz.
Idioma: Inglés.
Duración: 90 minutos.



El gato spin off


No ha sido un buen año para los dos grandes estudios de animación. ¿Año de transición? Yo diría más bien año desperdiciado. Nunca entenderé esa casi compulsiva tendencia a la secuela. Especialmente reincidente es el caso de Dreamworks, que en una década ha tenido tiempo de hacer cuatro filmes sobre Shrek, además de sendas secuelas para Madagascar y Kung Fu Panda.

No son los únicos. Fox ya va por la trilogía de La edad de hielo y Warner estrena en breve la secuela de Happy Feet. En una proporción mucho menor, hasta Pixar ha caído en la tentación. Si bien es cierto que la trilogía de Toy Story mantiene un elevado alto de calidad.

Pero decíamos que no había sido un buen año tampoco para la compañía de John Lasseter. Cars 2 es secuela de una predecesora bastante floja. Para colmo, el protagonismo en esta segunda entrega recae en un secundario con nula gracia. En el caso de Dreamworks, han optado directamente por un spin off de uno de los secundarios más carismáticos de la agotadísima saga Shrek. Al menos el gato que interpreta Banderas sí que tiene cierta gracia.

Pero el asunto es que estamos ante el típico personaje que funciona mucho mejor en pequeñas dosis que como protagonista absoluto.  Ahí su humor pierde frescura. De la película matriz El gato con botas mantiene esa seña de identidad que es la mezcla de cuentos populares. Pero la verdadera referencia del film es el cine de aventuras (El Zorro de Antonio Banderas está muy presente). Al igual que Cars 2 hacía su homenaje al cine de espías. En ambos casos, otra muestra más del poco ingenio de determinados proyectos. El límite entre el tributo y el saqueo a veces es demasiado difuso.

¿La película? Pues ni fu, ni fa. No llega a ser cansina, pero tampoco hace vibrar demasiado. Un entretenimiento más. Entonces es cuando uno vuelve a preguntarse por la necesidad de explotar una y otra vez los mismos personajes. Los motivos económicos son la explicación más obvia. ¿Por qué acudir con tanta frecuencia al recurso de lo viejo conocido? No me creo que dentro de Dreamworks no haya gente con las suficientes ideas nuevas.

Tienen los medios, pero falta la valentía. Es difícil ganar cuando se apuesta con tan poco riesgo. Ir sobre seguro garantiza recuperar con creces la inversión. Pero, a cambio, es más complicado que explote la creatividad. Y aquí estamos, ante una película que cumple a la perfección su cometido de cine familiar, pero que es imposible que dé más de sí.

 Manuel Barrero Iglesias

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