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domingo, 30 de marzo de 2014

Ida

7/10
Ida (Polonia-Dinamarca, 2013).
Dirección: Pawel Pawlikowski.
Intérpretes: Agata Trzebuchowska, Agata Kulesza, Joanna Kulig, Dawid Ogrodnik, Adam Szyszkowski.
Guión: Rebecca Lenkiewicz, Pawel Pawlikowski.
Música original: Kristian Selin Eidnes Andersen.
Fotografía: Lukasz Zal, Ryszard Lenczewski.
Montaje: Jaroslaw Kaminski.
Idioma: Polaco.
Duración: 80 minutos



Viaje de ida y vuelta

Por Manuel Barrero Iglesias

Pawel Pawlikowski es un director con intereses muy diversos. Rusia, Serbia o Gran Bretaña. Poetas, guerras o inmigración. Documentales o ficciones. Puede que en esta variedad de temas y estilos haya influido su propio historial. Nacido en Polonia, su infancia transcurrió en pleno comunismo, hasta que a los catorce años dejó su país natal. Su posterior periplo por lugares como Alemania, Italia o Inglaterra seguro contribuyó a formar ese espíritu inquieto que le caracteriza.

Pero no ha sido hasta ahora –ya en plena madurez- que ha vuelto la mirada hacia su patria. Y lo hace recreando la época que le toco vivir allá. Aunque no estamos ante el típico ejercicio autocomplaciente de nostalgia que sirve al autor para rememorar su infancia. Todo lo contrario. Ida es un ejercicio de exquisita madurez, con unas miras más elevadas, que pretende hablar de la memoria de todo un país.

Pawlikowski sí recurre a la memoria particular en la forma de abordar su trabajo. El blanco y negro es la única manera viable de retratar aquella época. Así son los recuerdos del director. O Las fotografías de entonces. Incluso la televisión. Y lo que es más importante: la misma vida era gris. Una existencia opresiva que al autor busca resaltar con el formato cuadrado y unos encuadres que empujan a los personajes hacia la parte inferior, como aplastados por la atmósfera. La sensación de austeridad aumenta aún más con una realización totalmente estática.

Una austeridad también reflejada en el rostro de sus protagonistas. Una, porque es la única manera que conoce de afrontar la vida. La otra, porque está hastiada de su existencia. El encuentro entre estas dos desconocidas, que comparten vínculos de sangre, provocará la ineludible confrontación con el pasado. Ignorado por una y olvidado por la otra, ese enfrentamiento causará algún que otro trastorno vital. En el caso de Ida, se produce un doble descubrimiento. Al traumático sobre su identidad se une el de la vida más allá de Dios y un convento.

La sutileza narrativa con la que Pawlikowski nos deleita es admirable. Apenas hay sobreexplicaciones, y sí mucho trasfondo detrás del (aparentemente) escueto discurso. Tanto en la historia particular de comparten tía y sobrina, como en la Historia política que hay de fondo. Con la distancia que da ser un emigrante temprano, el autor se acerca con mucho tacto a temas complejos y delicados. Una de esas películas que cuentan mucho más de lo que dice en palabras.



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