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viernes, 7 de marzo de 2014

Emperador

5/10
Emperor (Estados Unidos-Japón, 2012).
Dirección: Peter Webber.
Intérpretes: Tommy Lee Jones, Matthew Fox, Kaori Momoi, Eriko Hatsune, Aaron Jackson, Toshiyuki Nishida, Takatarô Kataoka, Masatô Ibu, William Wallace, Nic Sampson, Isao Natsuyagi, Gareth Ruck, Masatoshi Nakamura, Shôhei Hino.
Guión: David Klass, Vera Blasi; basado en el libro de Shiro Okamoto.
Música original: Alex Heffes.
Fotografía: Stuart Dryburgh.
Montaje: Chris Plummer.
Idiomas: Inglés, japonés.
Duración: 105 minutos



En el amor y en la guerra

Existe cierta tendencia en la narración cinematográfica a incluir una trama secundaria de carácter sentimental. Una línea argumental que suele perseguir, al menos, tres finalidades. Por un lado, la comunión con el protagonista; su humanización. Es poco probable que cualquiera de los espectadores se haya visto en la tesitura de tener que decidir si el máximo mandatario de un país merece ser depuesto y juzgado, pero quien más quien menos, todos hemos estado envueltos en alguna que otra relación. Por otro lado, esta subtrama apuntala el argumento principal, compensa sus inevitables carencias a fuerza de emoción y aporta oxígeno en una progresión dramática que tiene que seguir un camino ascendente hacia el clímax final. En tercer lugar, es un buen reclamo para el público que prefiere las historias de amor al rigor histórico. ¿Cuál es el problema de Emperador? Que la historia de amor no es interesante. La principal, basada en uno de los episodios más importantes del desenlace de la Segunda Guerra Mundial, tampoco.

Bonner Fellers (Matthew -Jack Shephard- Fox) es un oficial norteamericano al que el mismísimo Douglas MacArthur (Tommy Lee Jones) le encomienda la complicada tarea de deliberar si Hirohito tiene que enfrentarse a un tribunal de guerra por el ataque que los japoneses (conspiranoia aparte) perpetraron sobre Pearl Harbor. MacArthur, es obvio, necesita pruebas. Tanto si es para condenar como si es para exculpar al dirigente nipón. La labor de Fellers es reunirlas. Es 1945. Japón ya se ha rendido. Los americanos ocupan la zona. La suerte del emperador y, por tanto, la de todo Japón está en sus manos.

Hasta aquí todo es bastante fiel a la realidad. Y promete. Vaya que sí. Un único hombre cargando con el destino de un país milenario. Un país que ni siquiera es el suyo. ¿O lo es de alguna manera? El General Fellers empezó a salir con una chica japonesa mientras los dos estudiaban en la universidad. Hace tiempo que ha perdido su pista. Dentro licencias históricas. No habría ningún problema en esto si la búsqueda de su amada aportara algo al relato. Lejos de hacerlo, debilita la fuerza con la que arranca y embarca a los personajes en una deslavazada retahíla de situaciones más propias de un telefilme de sobremesa. Una lástima. Las memorias de Bonner Fellers merecían bastante más.



Miguel Montañés



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