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jueves, 14 de julio de 2011

John Lasseter: El genio revolucionario

En 1986, un pequeño flexo protagonizaba el primer cortometraje realizado por Pixar. Luxo Jr. fue la primera muestra visible de lo que podía hacer aquella incipiente compañía, escindida de Lucasfilm, y especializada en la animación por ordenador. Aquella lamparita se ha convertido ya en icono del estudio de animación más importante de las últimas dos décadas (con permiso de Ghibli, claro). El director y guionista de aquel film responde al nombre de John Lasseter.

Desde entonces, escribió y dirigió otros tres cortometrajes antes de dar el salto al largo. Red's Dream (1987) es la triste historia de un monociclo que sueña con salir de la deprimente tienda de bicicletas en la que habita. Knick Knack (1989) vuelve sobre el mismo tema, presentando a un muñeco de nieve que aspira a escapar del souvenir del que forma parte. Y aunque éste tenga su toque humorístico, no abandona el poso amargo del anterior. Una clara declaración de intenciones, que nos mostraba como el camino que quería seguir Pixar difería mucho de los modelos infantiles que Disney había impuesto, haciendo un cine más adulto y maduro.

En estos primeros trabajos de Lasseter, también podemos observar claramente uno de los rasgos definitorios de su cine: el dar vida a objetos inanimados. Y en este sentido, la cumbre la alcanzó cuando convirtió a los juguetes en protagonistas de sus películas. Tin Toy (1988) fue la semilla que dio paso a Toy Story (1995). El primer largometraje de Pixar se ha convertido ya en historia del cine, todo un film fundacional. Un punto de partida, simplemente, brillante (juguetes que cobran vida cuando no hay humanos); desarrollado a través de un guión portentoso, con unos personajes llenos de carisma y de humanidad.

Al fin, el cine de animación estadounidense se libraba de las canciones. De las ñoñas historias de amor. De los príncipes azules y las princesas rescatadas. A Pixar no le hacía falta recurrir a cuentos de antaño. La capacidad creativa de su equipo era capaz de idear y desarrollar guiones originales, en lo que sea ha convertido otra marca de la casa. La película protagonizada por Buzz Lightyear y Woody (cuyo villano era...¡un niño!) fue el punto de partida para la revolución animada. Y no sólo porque fuera el primer largometraje realizado íntegramente por ordenador.

John Lasseter capitaneaba un barco en el que la vanguardia técnica y la enorme capacidad creativa se unieron en perfecta simbiosis. Su segunda película fue Bichos (1997), el único trabajo del director protagonizado por seres vivos. Unos humanizados insectos que rendían homenaje a Los siete samuráis (Akira Kurosawa, 1954), en otra inteligente película.

Tras ella, llegó una de sus más discutibles decisiones: la secuela de Toy Story. Una tentación evitable, que suponía caer en la opción del éxito fácil y seguro. Y no es que Toy Story 2 (1999) sea una mala película, más bien todo lo contrario. Por no hablar de la magnífica tercera entrega, ésta ya dirigida por Lee Unkrich. No es eso. Pero a gente con tanto talento, casi que es obligatorio exigirle que explore nuevos caminos, en lugar de optar por el camino seguro.

Con la entrada del nuevo milenio, en Pixar tuvieron su oportunidad otros valores de la compañía: Pete Docter, Andrew Stanton, Brad Bird, o el mencionado Unrich han ido construyendo una filmografía envidiable: Monstruos, S.A. (2001), Buscando a Nemo (2003), Los increíbles (2004), Ratatouille (2007), Wall-e (2008) y Up (2009). La labor de Lasseter (productor de todos ellos) como director creativo de la compañía ha resultado fundamental a la hora de mantener una línea de actuación en la que prima la calidad y la libertad creativa. Su trabajo, como cabeza visible del estudio, es inmejorable.

Aunque no podamos decir lo mismo de sus dos últimas experiencia como director. Cars (2006) supuso el mayor resbalón artístico de Pixar, con una película convencional y muy poco estimulante; en la que las señas de identidad de la compañía saltaron por los aires. Ahora, Lasseter vuelve a dirigir una secuela, absolutamente prescindible. Y aunque Cars 2 (2011) es ligeramente superior a su predecesora, sigue sin llegar a los umbrales mínimos de calidad que pedimos en una película firmada por John.

Dos resbalones que no pueden empañar la visionaria trayectoria de un auténtico genio. Alguien que ha cambiado la forma de hacer animación. Cine adulto para niños. Cine infantil para adultos. 


Manuel Barrero Iglesias

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