Social Icons

sábado, 26 de abril de 2014

Atlántida Film Fest: Ilo Ilo

7/10
Ilo Ilo (Singapur, 2013).
Dirección y guión: Anthony Chen.
Intérpretes: Koh Jia Ler, Angeli Bayani, Tian Wen Chen, Yann Yann Yeo, Jo Kukathas.
Fotografía: Benoit Soler.
Montaje: Hoping Chen, Joanne Cheong.
Idiomas: Mandarín, tagálog, inglés, taiwanés.
Duración: 99 minutos.


Desestructuración familiar y pérdida de valores

Por Daniel Reigosa

En la pasada edición del Festival de Cannes se concedió el galardón de la Cámara de Oro -que premia a la mejor ópera prima- a Anthony Cheng, un joven director nacido en un país de escasa (o por lo menos muy poco conocida) cultura cinematográfica, como es Singapur. Anthony Cheng logra encuadrar su película en la corriente de cine costumbrista asiático que tan bien defienden directores como Hirokazu Kore-eda o Ann Hui. Precisamente con la última película de la directora china, Una vida sencilla (2011), la película de Cheng mantiene varios paralelismos.

La historia relatada en Ilo Ilo, que recoge vivencias de la infancia del propio autor, transcurre en el Singapur de 1997, en el marco de la dura crisis económica que azotó a varios países asiáticos en lo que se denominó la “primera gran crisis de la globalización”, iniciada el 2 de julio de 1997 con la devaluación de la moneda tailandesa y a la que siguió un importante efecto dominó.  Durante la época de los llamados “Tigres Asiáticos”, algunos países del sudeste asiático (entre los que se encontraba Singapur) alcanzaron cuotas de crecimiento espectaculares, promovidas por un potente impulso industrializador, que dotó a la clase media-baja de poder económico e incremento de su nivel de vida.

En este contexto se sitúa la familia del protagonista, Jiale (Koh Jia Ler), un niño malcriado perteneciente a una familia que ha crecido demasiado rápido, dejándose vencer por el consumismo y olvidando la construcción de los valores fundamentales de la vida, como una correcta educación. La película incide en su primera media hora en destacar esta pérdida de valores: hijos malcriados, superficialidad, falta de cultura, prepotencia y una cierta xenofobia que emerge con la contratación de una criada filipina que se encargará del cuidado del joven Jiale.

Hasta aquí la película mantiene un tono costumbrista excelente, una mirada distanciada pero incisiva no sólo sobre la familia en cuestión sino sobre la sociedad singapureña de la época. La entrada de Teresa (la nana interpretada por Angeli Bayani) en la familia manifiesta un contrapunto cultural, religioso y de comportamiento en la familia,  a la vez que supone un punto de inflexión en la película. La complicidad entre Jiale y Teresa se hace patente desde el primer momento, pero mientras la relación entre ambos alcanza cotas cada vez más elevadas, la familia se desmorona (mentiras, distanciamiento, celos) a la vez que lo hace la frágil sociedad de Singapur (despidos, suicidios, pesimismo).

La familia de Jiale se encuentra totalmente desestructurada, precisamente por esa pérdida de la realidad que supone el cambio repentino de clase, desbordados por el trabajo y viviendo una vida que no les corresponde, fruto de la precipitación de los acontecimientos, en la que no parece haber tiempo para su hijo. Las mentiras del padre ocultando su despido o su tabaquismo se complementan con los celos y la frialdad de la madre, que ve como la nana le arrebata influencia sobre su hijo, un papel que nunca llegó a desarrollar de manera eficiente. Ambos progenitores buscan ayuda externa, casi ilusoria, a través de la lotería el padre y las charlas motivacionales (Cheng las retrata como una secta) la madre. Los únicos elementos que mantienen viva a la familia son la necesidad y la monotonía, nocivos mimbres para apelar a la unidad. Mientras tanto, los vínculos entre Teresa y Jialé son cada vez más potentes, mostrando la cara amable de la moneda.

El director se mantiene alejado de la trama, huyendo de todo sentimentalismo impostado y los tópicos recurrentes en este tipo de películas, pero a veces da la sensación de no encontrar un equilibrio, con un resultado más frío de lo que parece pedir la historia. La trama en si es muy simple y no presenta giros bruscos de guión (innecesarios por otra parte), con lo que depende excesivamente del ritmo y de la credibilidad y atractivo de la historia. Y es aquí donde se nota la inexperiencia del director que, aunque consigue ese equilibrio en la mayor parte del film, algunas tomas pecan de precipitadas o de cierta previsibilidad. Se echa en falta una mayor implicación o una profundización en los personajes de los padres, dibujados con menor intensidad y que penalizan la historia.

No obstante, se trata de un muy buen debut, que conecta a la perfección con las filmografías costumbristas orientales, una cinematografía en la que cada nuevo autor es siempre bienvenido.


VER EN FILMIN


No hay comentarios:

Publicar un comentario

 
 
Blogger Templates