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martes, 4 de noviembre de 2014

Entrevista: Gianfranco Rosi

"Nunca hago entrevistas a los personajes, se tienen que expresar espontáneamente"

Con su cuarta película ha conseguido llevarse el León de Oro en Venecia (2013). Gianfranco Rosi (50 años) comenzó su carrera con Boatman (1993), película situada en el Gangés. Hasta quince años después no presentó Below Sea Level (2008), su siguiente film. El sicario: Room 164 (2010) fue su siguiente trabajo, en el que entrevistó aun narcotraficante responsable de cientos de muertes. Con Sacro Gra (2013) nos descubre parte del mundo que rodea el gran anillo de autopistas alrededor de Roma. Toda una vida dedicada al documental, un formato con el que el director no ha parado de buscar y experimentar. En la charla que tuvimos con él nos dio algunas de las claves en su manera de trabajar.

Por Manuel Barrero Iglesias


-Una de las cosas más interesantes de la película es que muestra una Roma que no se ve habitualmente en el cine.
Para mí era una Roma totalmente desconocida. La circunvalación es una pesadilla para los romanos, es casi imposible imaginarse que alrededor de ese anillo viven tres millones. Lo difícil ha sido anular esa idea. Porque la película no cuenta la historia de esos tres millones, sino la de seis personas. Y ni siquiera cuenta su historia, porque es una película que no tiene trama, no tiene un comienzo y un final, solo hay pequeñas referencias. He estado frecuentado a estos personajes dos años, y ha sido difícil encontrar el momento que pudiera sintentizar todo el tiempo pasado con ellos. Lo más interesante no es entender si es documental o ficción, sino la verdad de cada historia que se cuenta en la película. De estas personas no sabemos nada, y nunca sabremos nada, están como suspendidas. El desafío más importante ha sido crear una estructura narrativa sin que hubiera una narración. Por lo tanto es lo opuesto a documentar algo.

-¿Cómo fue el proceso de elección de las personas que aparecen en la película?
Son personas con las que ha habido una atracción muy fuerte, intelectual y emocional, a las que he frecuentado durante mucho tiempo. Lo que ocurre dentro de mí es un gran deseo de escuchar historias y encontrar personajes, pero no hago un casting. No pienso que determinada persona vaya a ser parte de la película, y tampoco sé qué momento puede ser parte de la película. Pero de repente se presenta un momento en el que me doy cuenta de que puede convertirse en personaje cinematográfico. Al botánico lo frecuenté durante dos años, y para mí era un lugar de relax. Hablaba con él de muchos temas: filosofía, historia, política...El personaje me atraía mucho, pero no sabía como podía entrar en la película, porque es un personaje muy complejo. Nunca hago entrevistas a los personajes, se tienen que expresar espontáneamente. Entonces un día me llama desesperado diciéndome que las palmeras han sido afectadas por una enfermedad. Pasé todo el día con él, y era como estar al lado de alguien que se estaba muriendo. Cuando llega la puesta de sol decido que tenía que grabar ese momento de alguna manera. Él me habló de los ruidos que escuchaba en las plantas, entonces puse un micrófono en ellas y descubro un mundo increíble. Cuando él se pone los cascos se sorprende, porque nunca había escuchado así los ruidos. Ahí entra en escena el documentalista y comienzo a filmarlo. Luego me alejo y le digo que me describa lo que está escuchando. Y él empieza ese monólogo increíble que ningún escritor sería capaz de escribir. Dos años con él para grabar un día y medio. Todas las historias son un poco así. Mucho tiempo con ellos, y poco rodando. Puedo trabajar así porque trabajo solo. Si tuviera un equipo de cámara, sonido, etc. sería imposible hacerlo.

-Me gustaría saber cómo fue la filmación de las partes del edificio que vemos desde fuera. ¿Cómo llegó a la conclusión de que debía poner la cámara ahí?
Alguien me habló de ese edificio, ocupado por personas sin hogar, y que está al lado de la autopista. Pregunté si podía pasar y mirar. Un día me llevaron a la azotea a través de una escalera anti-incendio. Me fijé en cuatro apartamentos muy pequeños, todos iguales. Muy precarios. Empecé a pensar quién podría vivir en un lugar como este y cómo la toma se podía mover de un lugar a otro. El espacio era el mismo y solo cambiaban los personajes. Era como los nichos de un cementerio. Llamé a sus puertas y me encontré con estas cuatro familias. Todas eran personas extraordinarias, y cada uno de ellos podría haber sido un personaje de una película. Entonces pasé tiempo con ellos, les escuchaba y hablaba con ellos. Casi se habían olvidado de que les estaba filmando. Entonces les pregunté si podía ir a la azotea para grabar. Desde allí, yo les veía muy bien a ellos, pero ellos no me veían a mí. Pero no estaba espiándoles, estaba todo preparado, el sonido y tal.

-Ha dicho en alguna entrevista que para usted es doloroso rodar, ¿en qué sentido?
También hacer entrevistas es doloroso...pues porque lo que más me gusta de mi trabajo es encontrar a las personas, escucharlas. Me relajo mucho cuando paso tiempo con ellas. Cuando decido que hay que empezar a rodar y uso la cámara, sé que algo va a cambiar. Por mi parte y por la de ellos. La interacción cambia. Cuando llega ese momento ya no son personas, se convierten en personajes. Por lo tanto, todo lo que digan puede ser utilizado en su contra. O a favor.

-Intuyo que el rodaje de sus películas supondrá para usted toda una experiencia vital, ¿que le aportan?
Para mí cada película es la primera y la última. Cuando hago una película, es importante descubrir un lenguaje nuevo. Por lo tanto, cada vez es un trabajo que requiere mucho esfuerzo y compromiso. De hecho, solo he rodado cuatro películas y todas son muy distintas entre ellas. El documental me gusta mucho porque me permite experimentar mucho más que la ficción. Para mí es una forma de vida. En el momento en el que empiece a aburrirme querrá decir que ya no puedo seguir haciendo cine. Nunca sé qué historia voy a contar. Siempre hay un comienzo, una idea de lo que voy a contar, pero nunca sé cómo va a acabar. La película se va formando sobre la marcha, gracias a los momentos que surgen por casualidad y que luego se convierten en necesarios.

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