Social Icons

jueves, 27 de noviembre de 2014

Jimmy's Hall

5/10
Jimmy's Hall (Reino Unido-Irlanda-Francia, 2014).
Dirección: Ken Loach.
Intérpretes: Barry Ward, Simone Kirby, Andrew Scott, Jim Norton, Brían F. O'Byrne.
Guion: Paul Laverty.
Música original: George Fenton.
Fotografía: Robbie Ryan.
Montaje: Jonathan Morris.
Idioma: Inglés.
Duración: 109 minutos.


El salón de Ken

Por Manuel Barrero Iglesias

La principal acusación que se le hace al cine de Ken Loach es la del maniqueísmo de sus planteamientos. Pero no es tanto eso, como lo obvio que a veces resulta. Los que ostentan el poder abusan de los menos favorecidos. Es algo que ha ocurrido, que sigue ocurriendo, y que ocurrirá en el futuro. Solo tenemos que echar un vistazo a la realidad de nuestros días. El problema surge cuando una película se dedica exclusivamente a exponer la obviedad sin más consideraciones. 

Jimmy's Hall ejemplifica a la perfección esto. La película muestra la lucha opresor/oprimido, pero no hay ningún otro conflicto con un mínimo de interés. Desde que Paul Laverty se ha convertido en su guionista habitual, Loach ha conseguido sus mejores trabajos con protagonistas que sufren un gran conflicto interior (Mi nombre es Joe, Sweet Sixteen). En Jimmy's Hall eso no existe, y la tensión se traslada a una historia de amor imposible contada con bastante torpeza. Un recurso fácil y convencional que en los últimos años el tándem ha explotado con bastante frecuencia.

No sabemos si es por la presencia de Laverty, o porque el viejo Loach se ha ablandado con los años; pero lo cierto es que aquel cine combativo de antaño ha ido perdiendo fuerza, hasta convertirse en una versión descafeinada de sí mismo. El protagonismo, cada vez mayor, de la comedia amable o de las historias románticas, han suavizado la aspereza de un discurso que una vez fui muy incisivo. Jimmy's Hall es una película que fluye tranquilamente, iluminada por ese homenaje al jazz que hubiera firmado el mismísimo Woody Allen. Pero al film le falta rabia.

Decíamos al principio que el problema de Loach es más lo obvio que lo maniqueo. Matizemos, porque en el inicio de este film hay una razón poderosa para sostener esta segunda acusación, y con toda la razón del mundo. Los inefables letreros que nos sitúan en el contexto histórico de esta historia (basada en hechos reales) acaban con un juicio de valor que dan continuidad a una serie de datos más o menos objetivos. Esa parcialidad a la hora de valorar la situación social del país es una torpeza mayúscula que busca predisponer al espectador para que vea lo que el director quiere que vea. Luego trata de compensar con un retrato de los clérigos a los que parece querer darle cierta dimensión. Aunque fallidos, estos personajes parecen la vía para huir de las acusaciones sobre en maniqueísmo. 

Estamos ante una obra contada con buen gusto y que se ve con facilidad. Loach ha conseguido un film apto para todos los públicos en el que la dureza de la realidad no impide que nos vayamos con un regusto dulce. Y es una pena que en estos tiempos de grandes dificultades, la combatividad del británico haya quedado diluida en un tipo de cine que podría hacer cualquier artesano.








No hay comentarios:

Publicar un comentario

 
 
Blogger Templates