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viernes, 2 de diciembre de 2011

Acero puro



4/10
Real Steel (USA-India, 2011).
Dirección: Shawn Levy.
Intérpretes: Hugh Jackman, Dakota Goyo, Evangeline Lilly, Anthony Mackie, Kevin Durand.
Guión: John Gatins, Dan Gilroy, Jeremy Leven.
Música original: Danny Elfman.
Fotografía: Mauro Fiore.
Montaje: Dean Zimmerman.
Idioma: Inglés.
Duración: 127 minutos.



Rocky Robot

Inspirada en el relato de ciencia ficción de Richard Matheson Steel, que ya fuera adaptado para la pequeña pantalla como episodio de Twilight Zone en 1963. La acción transcurre en un futuro próximo en el que la tecnología en el campo de la robótica ha avanzado hasta el punto que grandes robots son capaces de desenvolverse en luchas de boxeo. Dadas sus posibilidades de desarrollar mayor violencia y brutalidad en el ring, evitando problemas éticos para goce del público, han sustituido a los humanos en este deporte relegándoles al puesto de entrenador virtual.

Hugh Jackman encarna a Charlie Kenton, un ex boxeador fracasado que se dedica ahora a la lucha con robots para sobrevivir, y que por apuestas demasiado arriesgadas está de deudas hasta el cuello. En esta situación se encuentra cuando vuelve a su vida de manera inesperada su hijo de diez años, Max (Dakota Goyo). Por interés, Charlie conviene quedarse con Max el verano, llevándole a sus luchas de robots. Tras unos combates desafortunados, encuentran a Atom, un modelo antiguo de robot que a primera vista no sirve más que de sparring, pero en el que Max confía como solvente boxeador en el ring.

Se podría decir que Acero puro es uno de los cada vez más frecuentes casos en los que la ciencia-ficción es mera excusa o reclamo y, en concreto en este caso, lo mismo da que sean robots que perros amaestrados. Los elementos futuristas no enriquecen la historia, simplemente decoran, no llegando a integrarse totalmente en el fondo de la trama. Así, los robots, aunque protagonistas en las escenas de lucha, el resto del tiempo se quedan en un extraño segundo plano y ni siquiera se empatiza del todo con ellos. En realidad, esto daría un poco lo mismo si no se generara en el espectador ciertas expectativas al sugerir que Atom tiene algo “especial”, algo parecido a la conciencia, expectativas nunca culminadas. Este, posiblemente, sea uno de los grandes “fallos” de la película, que pudiendo explotar esta veta y darle un poco más de alma a ese robot desahuciado que vuelve a brillar y un toque de magia a toda la película, dejarlo en mera suposición y no desarrollarlo.
Para los efectos especiales, Shawn Levy (director de la saga Noche en el museo)  contó con parte del equipo que desarrolló la tecnología para Avatar. Para rodar las escenas de robots se usó la SimulcamB, capaz de combinar el mundo real de los actores y los decorados con lo generado por computador a la hora de rodar, con lo que se consigue una mayor integración de ambos mundos. El proceso difiere del de Avatar en que las imágenes generadas por computador, a partir de captura de movimiento de coreografías de luchadores reales previamente rodadas, eran inseridas en un escenario real en vez de uno también generado por computador. 

Además, por consejo de Steven Spielberg (productor ejecutivo), se usaron maquetas de tamaño real de los robots para hacer más real el trabajo de los actores en algunas escenas. El resultado final es muy bueno y creíble, pero paradójicamente es una pena que habiéndose conseguido un correcto y equilibrado uso de los efectos digitales la trama sea tan insulsa, típica y plana.

Pero no hay que olvidar que Acero Puro es una película de cine familiar y juvenil de las de consumo rápido y fácilmente olvidable. No hay que exigirle demasiado, porque si se hace cojea. No es más que Hugh Jackman, luchas de robots y una “conmovedora” historia Disney de reencuentro padre-hijo. Quién busque eso quedará contento.


M. Lofish



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