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lunes, 17 de febrero de 2020

Críticas: Fantasy Island

2/10
Fantasy Island (Estados Unidos, 2018).
Dirección: Jeff Wadlow.
Intérpretes: Michael Peña, Maggie Q, Michael Rooker, Lucy Hale, Kim Coates, Portia Doubleday, Ryan Hansen, Charlotte McKinney, Jimmy O. Yang.
Guión: Jillian Jacobs, Christopher Roach, Jeff Wadlow.
Música original: Bear McCreary.
Fotografía: Toby Oliver.
Montaje: Sean Albertson.
Idiomas: Inglés.
Duración: 110 minutos.


Cuanto peor, mejor

Por Manuel Barrero Iglesias

La carrera como director de Jeff Wadlow comenzó con el cortometraje The Tower of Babble (2002), su trabajo más premiado hasta la fecha. A pesar de no ser más que una ocurrencia desarrollada con bastante torpeza. Tras varios cortos más, debutó en el largometraje con Cry Wolf (2005), film de terror que no destacó demasiado. Más tarde probaría suerte con el cine de acción, siendo el responsable de la infame Rompiendo las reglas (2008) y encargándose de Kick Ass 2 (2013), en el que quizás sea su momento cumbre como director (así está la cosa). Tras una incursión en la comedia chusca (Memorias de un asesino internacional, 2016) Wadlow volvió al terror con la muy poco destacable Verdad o reto (2018).

Auspiciada por Blumhouse, la productora de moda en el cine de terror le vuelve a dar otra oportunidad a un director que ha ofrecido muy pocas garantías a lo largo de su trayectoria. El producto en cuestión consiste en revivir una serie de hace cuatro décadas, de mismo nombre, y protagonizada por Ricardo Montalban. La premisa: una isla que cumple las fantasías de los que la visitan. Un punto de partida tan (o tan poco) interesante como cualquier otro. De fondo, esa idea de "cuidado con lo deseas, que lo mismo se cumple". El film incide en el peligro de destrucción que puede suponer cumplir las más íntimas fantasías. Un tema recurrente que era capital en esa obra maestra del disparate que es Hobgoblins (Rick Sloane, 1988).
Fantasy Island también se acerca al dislate, pero con mucha menos gracia. Tanto su producción como su tono (al menos, al inicio) parecen proponer un producto que busca tomarse mínimamente en serio. Con los obligados apuntes que buscan (en apariencia, al menos) la actualización de modelos antiguos (un personaje femenino descarado o la minoría étnica y sexual representada en un solo personaje, el de Jimmy O. Yang), el film se resiente por culpa de un guion que acumula un despropósito tras otro en busca del giro impactante.

Al final, cuanto más absurda es, más se disfruta. Como diría aquel: cuanto peor, mejor. Y es que la película pasa de ser una anodina mezcla de géneros a una fuente de risas en esa parte final delirante. Ni terror, ni aventura, ni comedia consciente, ni ciencia-ficción, ni drama sobre traumas...el único género que de verdad funciona en Fantasy Island es la comedia involuntaria.



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