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lunes, 29 de septiembre de 2014

Críticas: La danza de la realidad

7/10
La danza de la realidad (Chile-Francia, 2013). 
Dirección y guión: Alejandro Jodorowsky. 
Intérpretes: Brontis Jodorowsky, Pamela Flores, Jeremías Herskovits, Alejandro Jodorowsky, Bastian Bodenhöfer, Andrés Cox, Adán Jodorowsky, Cristóbal Jodorowsky. 
Música original: Adán Jodorowsky. 
Fotografía: Jean-Marie Dreujou.
Montaje: Maryline Monthieux.
Idioma: Español.
Duración: 130 minutos.


La inocencia no es infantil

Por Luis López

El retorno autobiográfico a la niñez de Alejandro Jodorowsky es un derroche de imaginación que narra sus peripecias en Tocopilla, pueblo del desierto chileno donde nació y creció, desde un punto de vista tanto infantil como adulto. Este último ejerce de narrador entremezclado con su “yo niño” en los hitos más impactantes para remarcar o arrojar una reflexión sobre los hechos. 

La rica carga simbólica del guión convierte La danza de la realidad en un complejo poema donde el significado de la imagen remite a un cosmos evocador y con voz propia. Quizá la cualidad más loable de su cine sea la de tender puentes desde metáforas individuales que lo trascienden, para trasladar un mensaje más universal de lugares comunes a todos los seres.

Tras 23 años de ausencia de la gran pantalla, la propuesta de Jodorowsky ahonda en la búsqueda de la inocencia, no perdida, pero sí traicionada por la vida adulta que la secuestra como si de un trampero piagetiano se tratara. Aunque incluso el mejor de los tramperos sabe perfectamente cuál es la ubicación de ese mundo fantasioso que ha arrinconado. La pregunta constante y definida como un latido: ¿por qué? Esta reivindicación de la infancia como primera y clave etapa del desarrollo evolutivo, une los lazos que han tejido su personalidad a lo largo de su periplo, y comienzan como es natural a partir de sus padres. Con un padre estricto, de fuerte carácter y comunista que teme que su hijo se convierta en un homosexual, y una madre sobreprotectora de grandes pechos que canta ópera en vez de hablar, que ve en el joven Alejandro a su propio padre. La carga traumática que estos personajes le acarrean deja una huella perenne en el muchacho, a la vez que improntan sus sentimientos de manera decisiva.


La fuerza de los acontecimientos que hacen evolucionar el conflicto de la película no reside tanto en la lógica causa-efecto como en la capacidad posibilista y creadora de la imaginación. Premisa- la psicomagia- del cine y de toda manifestación artística del chileno que genera tanto adeptos como detractores con igual pujanza. Si toda energía ejerce una influencia siendo un detonante para modificar la realidad, La danza de la realidad es un ejercicio literal de este principio. Por tanto la canalización del inconsciente cobra un papel predominante en el subtexto del film. Y la metáfora es la única respuesta  para sacudir los sentidos embotados ofreciendo una alternativa en un mundo prosaico. Quizá no haya más respuesta a los misterios de la vida que la poesía. ¿Cómo explicar si no el mundo entero y sus contradicciones a la vez? Pues eso, Jodorowsky.


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