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domingo, 28 de octubre de 2018

Crónicas: Nocturna 2018 (III)


Por Manuel Barrero Iglesias


Si las películas de la jornada anterior intentaban huir de los tópicos, las de esta no disimulan que se encuentra mu a gusto nadando en ellos. Caso aparte es Mirai, que nos alegró la jornada con una película que encaja a la perfección en el universo de Mamoru Hosoda.



Summer of 84 (Anouk Whissell, François Simard, Yoann-Karl Whissell. Canadá, 2018)
Oficial

La moda del revival ochentero no para. Con el éxito de Stranger Things a la cabeza, son muchos los productos que se alimentan -exclusivamente- de nostalgia. Aquí entra esta Summer of 84, que ya con el título deja las cosas bien claras. Los lugares comunes se suceden sin solución de continuidad (lo de la música clama al cielo), construyendo un homenaje tan bien cuidado como evidente. Hasta en los defectos más llamativos (el descuido a la hora de elaborar personajes femeninos) están presentes en esta copia sin alma. Al final uno se pregunta cuál es el valor de estos productos que no aportan ni un gramo de su propia cosecha para enriquecer el viaje al pasado. Todo queda en nostalgia de sus directores (responsables también de Turbo Kid) por un tiempo pasado.


Heretiks (Paul Hyett. Reino Unido, 2018)
Oficial


Sin duda, la película de más baja calidad vista en la sección oficial de este año. Película de época que mezcla monjas, brujería, seres malignos y demás parafernalia, en un cóctel indigerible. Argumento de nulo interés, personajes erráticos que vagan sin rumbo y, lo peor de todo, una solemnidad cargante que cae como una losa sobre el sufrido espectador. Cuando haces un subproducto de esta estofa, quizás sea conveniente ser consciente de las propias limitaciones. Las pretensiones caen en el más absoluto ridículo, mientras los pobrísimos efectos especiales impiden incluso que el film llegue a provocar algo parecido al miedo. Un desastre indigno de una más que decente selección oficial.


Mirai, mi hermana pequeña (Mamoru Hosoda. Japón, 2018)
Oficial


En el cine japonés siempre ha tenido un papel primordial la representación de la familia, algo que sigue vigente incluso en estos tiempos (ahí está Kore-eda, por ejemplo). Este año tenemos dos cintas de animación que exploran el tema. Si en Maquia la directora Mari Okada se sumerge en una sentida historia materno-filial, aquí Mamoru Hosoda se preocupa por retratar como afecta la llegada de una recién nacida al núcleo familiar. Especialmente a su hermano de cuatro años, centro de la atención hasta ese momento, ahora desplazado por la llegada de un ser con el que ni siquiera puede interactuar. El director no pierde su acostumbrada sensibilidad para armar este relato de deconstrucción a través de la fantasía. Incluso es capaz de incluir críticas certeras al machismo y la poca valoración que de la maternidad se hace por la sociedad. Una película que quizás pierda algo de interés cuando bucea en la historia familiar, otra dimensión cuya intención es enriquecer aún más este trabajo.

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