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viernes, 1 de agosto de 2014

Entrevista: Alfredo Montero

"Había que llegar al límite en cada escena"


En 2012 Alfredo Montero presentaba en Sitges una modesta película de terror llamada La cueva. Era la Sección Panorama del Festival de cine fantástico más grande del mundo, y allí estaba Juan Gordon, productor de Morena Films. Le gustó la película, aunque pensaba que era mejorable. Y así le propuso al director que rodaran nuevo material. Dos años después la película se ha vuelto a presentar en festivales (en Nocturna consiguió el premio a la mejor película), llegando ahora a las salas comerciales.

Por Manuel Barrero Iglesias


Montero nos habla de aquel proceso de remodelación: “Las condiciones del rodaje fueron, básicamente, las mismas. Pero sabiendo lo que nos venía encima, procuramos rodajes más cortos. Una semana o diez días como máximo. Y más tiempo para rodar las escenas. No teníamos diez al día, sino tres o cuatro. Ahí está el trabajo y la inversión de Morena Films”. El director ha quedado muy satisfecho con la nueva versión: “Fuimos mejorando tanto la película que de esos ochenta minutos que se vieron en Sitges, los comprimimos a cuarenta. Y tenemos otros cuarenta nuevos. La película dura lo mismo, pero tiene mejor presentación de personajes, más interacción entre ellos, más escenas de sustos, de acción...la escena submarina es nueva y el prólogo también. Básicamente, la misma película, pero mucho mejor. No más “comercial”, como dicen por ahí”.

¿Cuáles fueron esas condiciones de rodaje de las que habla Montero? La película está rodada realmente en el interior de una cueva en Formentera, con todas las incomodidades que se puedan imaginar. Algo que ayuda a darle a la película una gran credibilidad: “Está rodada de manera cronológica, lo que ayudaba a la degradación física y mental. El agotamiento al final era criminal y eso jugaba en favor de la interpretación de los actores”. Pero llegar a ese punto tampoco era fácil: “había que llegar al límite en cada escena, y a veces no sabíamos como llegar a ese límite. Al final salía, pero a base de mil intentos. Si yo no me daba de hostias en el suelo, quedaba forzado. Igual que si ellos no se exprimían al máximo. Si no veías que el actor sufría de verdad, no lo veías en el personaje”. Aunque no todo fue sufrimiento, ya que todo el equipo coincide en destacar el buen ambiente del rodaje: “Nos llevábamos tan bien entre todos y fue una comunión tan bonita que eso propició que la película fuese para adelante”.

La cueva es la gran protagonista de la película, y determinó su propia existencia: “Escribí el guión en función de las características de la cueva. Nada más entrar, supe que ahí había una película. Son galerías y galerías profundísimas, en las que es muy fácil perderse”. El proceso de búsqueda fue bastante largo: “Como dice Medem en 'Lucía y el sexo', Formentera está hueca por dentro. Hice un casting de cuevas. Algunas eran como bóvedas, que dan para una película de una secta, pero no me interesaba eso. Descarté muchas porque eran muy peligrosas. Estaban hechas de un material terroso que veías que se iba a caer. Mañana o dentro de veinte años, pero no podía meter un equipo técnico ahí. La cueva de la película está hecha de un material rocoso tremendamente duro”. Y estar allí dentro también fue clave para escribir el guión: “Me ayudó técnicamente, para la narrativa de la historia, y para meterme en situación de qué harían los personajes. Mi intención como guionista es entenderlos a todos, y estar allí solo a oscuras me ayudó mucho”.

Pero claro, también hay que convencer a todo un equipo para que entre en un rodaje así: “No es tan complicado. Nos encanta el cine y haríamos cualquier cosa. El proyecto les entusiasmó”. Aunque el momento de entrar en la cueva por primera vez fue complicado: “Me vieron a mí tan seguro que no tuvieron más narices que entrar. Pero sí que se agobiaron bastante. A pesar de que les había avisado muchísimo, y les enseñé fotos y vídeos. Pero los actores siempre te dirán que sí, que se tiran de un puente por conseguir un papel. Pero la verdad es que lo pasaron mal el primer día. Agobia muchísimo la sensación de que se te van a caer millones de toneladas de roca. Una vez dejaban de ver la luz exterior, se perdían al minuto. Al principio los puteábamos un poquito para que fuesen ambientándose. Pero estuvimos encantados de rodar y estoy seguro de que si se lo preguntamos ahora, volverían todos”.

Ya en el casting Alfredo Montero tenía muy claro lo que buscaba: “Puse muchísimas condiciones a la directora de casting. Buscaba gente que pudiese soportar física y mentalmente esas condiciones. Y luego, que fueran buenos actores. De los que me propuso, yo elegí a los que me parecían mejores. Incluso el personaje que hace Eva García Vacas no tiene nada que ver con lo que escribí. Pero hizo un casting tan extraordinario que lo readapté”. A la hora de preparar el rodaje, el autor nos cuenta su manera de trabajar el texto: “Lo que hice fue escribir el guión de manera lo más natural posible. Hay escenas que están prácticamente transcritas de cuando yo entré con unos amigos a la cueva. Luego, pasaba los diálogos a los actores para que lo escribieran a su manera. Me lo devolvían, y yo lo volvía a unificar todo para que tuviese sentido. Luego, en el propio rodaje se ensayaba mucho la escena, y la hacíamos tal cual estaba escrita. Una vez la teníamos, sí buscábamos otra manera de contar lo mismo con cosas espontaneas que nos surgiesen. Pero todo siempre muy trabajado. Parece que está improvisado, pero es todo lo contrario, estaba todo muy cerrado”.

La película usa la técnica del found footage, con lo que siempre busca la credibilidad: “Está buscado el equilibrio: el realismo de un vídeo casero, pero teniendo en cuenta que es una película, y debe tener evolución dramática. El lenguaje es un híbrido entre lo casero y lo cinematográfico. Al final, si es muy casero no tiene evolución y es aburrido”. La realidad también está muy presente a la hora de construir el terror: “Lo que más me interesaba era esa evolución constante que te lleva a esa degradación de lo humano. No hay elementos paranormales, es una película de terror sin música ni efectos sonoros. La tensión está buscada desde el guión, las interpretaciones y la manera de rodar”. En el film está muy presente la incapacidad del hombre moderno a la hora de enfrentarse a la naturaleza: “Gente de ciudad que le das una linterna y una cantimplora y no saben ni qué hacer con ello. Es la naturaleza contra el hombre. La cueva es el malo de la película, pero es que la cueva no ha hecho nada. Son esos gilipollas los que han entrado...es el bicho insano que tenemos dentro el que es el malo de la película. Es una película de leones y cebras”.

Las películas que usan el found footage suelen tener problemas de verosimilitud a la hora de explicar el uso de la cámara en cada momento, algo que Montero ha cuidado mucho: “Mi desafío era justificar lo máximo posible cosas que son muy difíciles de justificar. El personaje que graba todo el tiempo. Al principio lo hace porque es gilipollas. Luego, porque piensa que se va a quedar en anécdota y le va a quedar un vídeo de puta madre para su blog. Desde un punto de vista más profundo lo hace porque si te pasa algo muy chungo, a través del visor de la cámara lo puedes digerir más”.

A la película parece que le queda un largo recorrido internacional: “El remake está vendido. Puse como condición no dirigirlo yo, porque estoy hasta los huevos de la cueva. Par mí es un orgullo tremendo, es impresionante. Y la mía se está vendiendo por todo el mundo gracias a Filmax, que tiene los derechos internacionales. O sea, que ha sido todo una experiencia increíble”.

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