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jueves, 6 de agosto de 2015

Críticas: Les Combattants

8/10
Les combattants (Francia, 2014)
Dirección: Thomas Cailley.
Intérpretes: Kévin Azaïs, Adèle Haenel, Antoine Laurent, Brigitte Roüan, William Lebghil, Thibaut Berducat.
GuiónThomas Cailley, Claude Le Pape.
Música original: Philippe Deshaies, Lionel Flairs, Benoit Rault.
Fotografía: David Cailley.
Montaje:Lilian Corbeille.
Idioma: Francés.
Duración: 98 minutos. 


Amor superviviente

Por Ricardo González Iglesias

Salvaje (László Benedek, 1953), Rebelde sin causa (Nicholas Ray, 1955), Bonny & Clyde (Arthur Penn, 1967), Malas tierras (Terrence Malick, 1973), La ley de la calle (Francis Ford Coppola, 1983) o Footloose (Herbert Ross, 1984) responden a la necesidad de expresión cinematográfica que toda generación tiene derecho a desarrollar. Aunque dicha subcategoría generacional no comparta estética, intereses o géneros cinematográficos, sí afronta la realidad y el entorno desde el punto de vista de protagonistas que encarnan el salto o brecha generacional y la subversión o el enfrentamiento directo con el sistema establecido, su jerarquía y sus valores predeterminados. Solo el amor puro e incondicional es una constante que persiste y por la que vale la pena sobrevivir o morir en el intento.

Les combattants, en este sentido, responde perfectamente al espíritu de toda la estela cinematográfica citada anteriormente, pero con los matices turbadores y pesimistas que traspasan los tiempos actuales. Mientras la rebeldía es un signo característico del cine generacional de otras épocas, aquí nos encontramos ante auténticos emboscados jungerianos, a la espera de la mejor oportunidad o del desenlace final para tomar el poder. No luchan contra el sistema, ya que la evidente y paradójica decrepitud-fortaleza que demuestra al mismo tiempo hace que toda una generación de jóvenes esté ubicada entre el ninismo expectante o el activismo pasivo que supone el survivalismo, esperando la caída de todo por su propio peso.

Esta visión aparentemente indiferente y cínica, pero a la vez, mucho más sibilina e inteligente que la de generaciones anteriores, es la que expone Les combattants, un film con obvios ecos, sobre todo, de Malas tierras, donde dos jóvenes desarrollan un amor que vencerá y les hará fuertes ante cualquier circunstancia ulterior.  El excelente trabajo de Adèle Haenel, con una belleza castrense hipnótica, y un Kévin Azaïs dispuesto a renunciar a sus migajas materialistas burguesas para entregarse a los brazos del amor (único salvavidas de nuestra hastiada existencia), convierten al film en un afinado grito de la juventud europea actual denunciando la insostenible situación en la que les hemos dejado desamparados, desempleados y desubicados, sin más asa en el futuro que el amor superviviente y la esperanza de que todo, al fin, se vaya al carajo, momento idóneo en el que se mostrará su valía humana y verdadera fortaleza, invisible y despreciada por la sentenciada sociedad actual.

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