Por Paulo Campos
Ahora sí que sí, estamos en capilla. Esta es la semana de inicio de la carrera por el Oscar, las miles de millones de organizaciones que dan premios a las películas se apresuran por ser la primera que empiece a repartir premios como si no hubiera un mañana. Lo que me hace llegar a la primera pregunta: ¿por qué coño se empiezan a entregar los premios a lo mejor del año a finales de noviembre cuando ni siquiera se han podido ver todas las películas que tienen una pequeña aspiración a conseguir algún premio? No, no es una pregunta retórica y yo como buen gurú que soy os la voy a responder: por ir de guays. Ya está. Desde hace unos años las asociaciones de críticos que dan estos premios decidieron que querían ser las que más Oscar acertaran y los que mejor pronosticaran y además de todo ello ser los primeros en decirlo. Algo así como tu cuñado con cualquiera de las elecciones que hay en los países que se sabe. Esto trae consecuencias, y es que se ha diluido la personalidad de estas asociaciones. En lugar de ser una alternativa a los premios de la Academia son una parte de ella. Ser una parte del engranaje a veces tiene buenos resultados, como el cuerpo y la cara de Elsa Pataky, que aunque sean todos materiales diferentes al final hacen un buen conjunto, pero a mí me gusta más la personalidad. Y bueno, te puede salir una Leticia Sabater, pero al menos nos lo pasamos mejor viéndola (desde lejos). Pues eso, que desde hace unos años se perdió la personalidad por el pronóstico y también para que después de los premios de dos asociaciones salgan los seguidores de esto de los premios para decir “jo, qué aburrido, siempre las mismas películas”.






