Nacida en Matadepera (Barcelona) en 1982, los primeros años de su carrera transcurrieron entre pequeños papeles para cine y televisión, apareciendo brevemente en películas como El perfume (2006), Pactar con el gato (2007) o La habitación de Fermat (2007). Aparte de alguna que otra TV-Movie, su primer papel relevante lo tuvo en la serie Un golpe de suerte (2009). Mismo año en el que participa en la coproducción de terror Zone of the Dead, o protagoniza el drama lésbico Eloïse. En 2011 emprende una exótica aventura, rodando Sólo se vive una vez, film de Bollywood que consiguió un gran éxito en la India. Desde entonces, destacan sus participaciones en dos filmes de género como Insensibles (2012) y Panzer Chocolate (2013). Ahora llega como protagonista de Sapos y culebras, una película que nos habla de la crisis a través de su personaje; una niña de papá que lo ha perdido todo.
Jim Jarmusch realiza su particular revisión del cine vampírico con Sólo los amantes sobreviven, Premio Especial del Jurado en el pasado Festival de Sitges. Tom Hiddleston y Tilda Swinton son vampiros cultos que mantienen una relación desde hace siglos. La aparición de la hermana de ella (Mia Wasikowska) romperá el delicado equilibrio en el que viven los protagonistas.
El otro estreno estadounidense de la semana es la comedia romántica No hay dos sin tres, en el que tres mujeres despechadas (Cameron Diaz, Leslie Mann y Kate Upton) se unen para vengarse del hombre que las está engañando.
Desde Grecia recibimos el estreno de Metéora, película narrada a través de la relación entre un joven monje ortodoxo griego y una monja ortodoxa rusa. Rodada en una región considerada Patrimonio de la Humanidad, la película nos muestra los monasterios construidos en siglo XIV.
Martin Provost (Seraphine) dirige otro drama biográfico con nombre de mujer. Violette cuenta la historia de la hija bastarda de un noble que conoce a Simone de Beauvoir, surgiendo entre ambas una intensa relación.
Hossein Amini (guionista de Drive) debuta en la dirección con Las dos caras de enero, adaptación que él mismo hace de la novela de Patricia Highsmith. Una pareja formada por Viggo Mortensen y Kirsten Dunst viajan hasta Grecia don conocerán a un joven (OScar Isaac) que trabaja como guía turístico, mientras tima a turistas ricas.
Acabamos con Tarzán, producción alemana de animación, que vuelve sobre uno de los grandes mitos de la literatura mundial.
En un certamen que homenajeaba al precursor del slasher tal y como lo conocemos -Tobe Hooper y su fundacional La matanza de Texas-, no podía faltar una muestra de algunos de los trabajos más recientes del subgénero. Los dos de los que hablamos ahora coinciden en ser secuelas. Ambos comparten además la ausencia de elementos paranormales, poniéndonos ante homicidas de carne y hueso. De uno sabemos que odia a los turistas extranjeros; y del otro, que tuvo un terrible trauma en su infancia. Lo que está claro es que ambos viven su vida quitando la de otros, que de eso se trata en el slasher. Otro género en el que es difícil innovar, aunque uno siempre se puede encontrar con pequeñas sorpresas muy agradables.
Por Manuel Barrero Iglesias
Wolf Creek 2 (Greg McLean. Australia, 2013) En 2005 apareció Wolf Creek para demostrar que no solo Estados Unidos tiene esa oscura trastienda que conocemos como la "América profunda". Los interiores de Australia también esconden mentes perturbadas que pululan por la vastedad de su territorio. Aquel film jugaba a la perfección con la inmensidad de las carreteras australianas, un terreno ideal para hacer desaparecer a jóvenes desprevenidos. Ocho años después llega una secuela que vuelve a explotar -aún más- la geografía del país. Y es que estamos ante un slasher itinerante, una especie de road movie en la que los objetivos del asesino van cambiando a medida que transcurre la acción. Las ramificaciones de la película provocan que el protagonista final no tenga nada que ver con los que empezaron como tales. Es tan importante la presencia de la carretera que se nota por momentos la presencia de Spielberg y su El diablo sobre ruedas (1971). Cuando en el tramo final la película al fin se establece en un lugar fijo, McLean nos hace disfrutar con un antológico duelo dialéctico -cargado de humor negro- entre los dos protagonistas. Ambos compartieron en Nocturna el premio a la Mejor Interpretación, a los que hay que añadir los de Dirección y Guión. Galardones merecidos para una secuela muy digna.
Pin Up Dolls On Ice (Geoff Klein, Melissa Mira. Canadá, 2013) Bikini Girls On Ice(Geoff Klein, 2009) es exactamente lo que su título promete. Chicas en bikini y un psicópata que entierra a sus víctimas en hielo. No hay más. Bueno sí, está ese aire auténtico de serie B. Cine lúdico, sin dinero, pero sin ningún tipo de complejo. Ese espíritu de cine ochentero, de película para disfrutar con los amigos, entre risas y cervezas. Contaba Melissa Mira (la presentación que hicieron de la película fue uno de los grandes momentos de Nocturna) que a aquella película el público le pedía "más sangre y más tetas". Y que hay estaba ella -que se une a Klein como codirectora en esta secuela- para asegurarse de que así fuera en esta segunda parte. Y eso es Pin Up Dolls On Ice, el mismo concepto que su predecesora, pero enseñando más carne y haciendo más explícitos los asesinatos. El film empieza muy fuerte, y la primera muerte es un absoluto deleite, con una pobre chica corriendo desnuda antes de ser asesinada. Esta secuela acaba siendo mucho más consciente de sí misma, ofreciendo muchas más risas. Chicas ligeras de ropa que huyen a cuatro patas o personajes masculinos de estupidez surrealista, son algunos de los intencionados toques humorísticos del film. Respecto a la anterior quizás pierda algo de inocencia, pero gana mucho en carnaza. El público disfrutará de la carne (tanto en el sentido sexual, como en el terrorífico). Con merecimiento, la película se alzó con el premio Madness en Nocturna. Y es que el film de Klein & Mira simboliza el puro placer cine por diversión, sin más preocupación que la de pasarlo bien y hacer disfrutar a su público. Cuando el argumento es solo una excusa para acercarnos a los dos temas que más nos llaman la atención como voyeurs: el sexo y la violencia. Eso sí, para la tercera entrega...¡queremos más tetas y más sangre!
Cifras discretas en el fin de semana premundialista, con solo siete películas por encima de los cien mil euros. X-Men: Días del futuro pasado se alza con el primer puesto, rozando los dos millones (cifra que supera con lo recaudado el jueves). Importante descenso para Maléfica (2º), y especialmente para Al filo del mañana (3º). El estreno español no sale mal parado y así Pancho, el perro millonario se coloca en cuarto lugar. Otras dos novedades -más de autor- se cuelan en el Top Ten. El hijo del otro (9º) y The Invisible Woman (10º), aunque ambas con cifras que ronda los cincuenta mil euros.
Bryan Singer vuelve a la saga de la Patrulla X con X-Men: Días del futuro pasado, una década después de abandonarla. Muy buenos comentarios ha levantado este reencuentro, que parece levantar un poco la carrera del director (sobre todo, artísticamente hablando). En el reparto la habitual pléyade de estrellas que han participado en la serie: Hugh Jackman, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, James McAvoy, Ellen Page, Halle Berry, Ian McKellen, Patrick Stewart...
Ralph Fiennes vuelve a la dirección (tras Coriolanus) con The Invisible Woman en la que él mismo da vida a a Charles Dickens. La película es una adaptación de la novela de Claire Tomalin, que narra la historia de amor entre Dickens y una joven de 18 años que se convirtió en su amante secreta.
Producción francesa que se sumerge en el conflicto árabe-judío. El hijo del otro cuenta la historia de un joven que se prepara para entrar en el ejército israelí y que descubre que al nacer fue cambiado accidentalmente por el bebé de una familia palestina.
Acabamos con dos estrenos hablados en español. La argentina Días de vinilo es una comedia protagonizada por cuatro amigos unidos por su pasión por la música. Mientras, el estreno nacional de la semana es Pancho, el perro millonario, película que cuenta la historia de aquel can que se fugó con un billete premiado en aquel famoso anuncio.
El cine de terror, más que ningún otro, recurre a los esquemas que históricamente se han mostrado efectivos ante el público. Y así tenemos que soportar una serie de películas clónicas en las que apenas hay variación. Se toma como modelo la plantilla que alguien puso de moda alguna vez, y a partir de ahí se fabrican productos en serie, con mayor o menos calidad. De vez en cuando, a alguien le da por sorprendernos con algún giro interesante del subgénero en cuestión. Son las menos ocasiones, pero alguna que otra nos encontramos por ahí.
Por Manuel Barrero Iglesias
La cueva (Alfredo Montero. España, 2014)
Es el caso que nos ocupa. El found footage es una moda relativamente reciente, desde que el fenómeno The Blair Witch Project dio una vuelta de tuerca al proceso de producción y promoción. Ya se habían hecho varias películas con esta técnica, pero fue a partir de la extraordinaria rentabilidad de aquella cuando se empezó a explotar la fórmula hasta el agotamiento. Se aprovecha la economía de medios que supone rodar así, además de la conexión más primaria con los miedos del espectador. Pero siempre hay un obstáculo muy difícil de solventar: la credibilidad. Pocas resultan verosímiles, y es que hay que justificar muy bien la integración de la cámara dentro de la acción. Sin ir más lejos, en esta misma edición de Nocturna pudimos ver The Sacrament -ya comentada en nuestras crónicas de Sitges-, que es el perfecto ejemplo de lo que jamás debe ser un film de metraje encontrado en cuanto a pertinencia formal. Algo que se cuida mucho en La cueva. Aunque la sospecha siempre está presente en un film de este tipo, Alfredo Montero procura que todo lo que aparece filmado tenga una mínima justificación. Ya ahí nos empieza ganando. Pero es que los méritos de este trabajo van mucho más allá. Crear terror prescindiendo de elementos sobrenaturales es toda una declaración de intenciones. Enfrentar al ser humano consigo mismo y con la naturaleza, de ahí surgen las grandes obras terroríficas. Cinco jóvenes y una cueva es lo único que necesita el director para rodar uno de los filmes más angustiosos del reciente cine español. Y lo hace con una apuesta valiente y arriesgada, exponiendo a su equipo a unas condiciones extremas. Decía Tobe Hooper, acerca de La matanza de Texas, que uno de sus secretos es que consiguió que surgiera el odio real entre sus actores. Pues estamos seguros que mucha de la angustia que vemos en La cueva es real, lo que provoca gran incomodidad en un público al que le duele cada arañazo que los actores/personajes sufren en la película. Con un guión minimalista -muy en la línea de Gerry-, y añadiendo algún oportuno golpe de efecto, La cueva se convirtió en la justa ganadora de la II Edición de Nocturna. Cine arriesgado y coherente. Haunt (Mac Carter. Estados Unidos, 2013) El subgénero de casas encantadas lleva dando la matraca mucho más tiempo. Por lo tanto su capacidad de sorpresa es aún menor. Se puede hacer mejor (The Conjuring) o peor (La maldición de Rookford), pero lo que resulta casi imposible es innovar. Una casa, sucesos paranormales, y un misterio del pasado que hay que descubrir. No hay más. The Haunt se ciñe a ese esquema, aunque se desvía ligeramente con una entrañable historia de amor adolescente que incluso se agradece. La película cumple a duras penas, abusando de vicios tan clásicos como los sustos efectistas. Lo que no es perdonable es que el film se erija en algo novedoso -y que encima lo haga con una voz en off- cuando estamos ante lo mismo de siempre. Es lícito que se busque llegar al público repitiendo fórmulas, lo que no podemos aceptar es que intenten tomarnos por tontos. Un poco más de honestidad, por favor.
Guión: Linda Woolverton, Paul Dini y John Lee Hancock
Música original: James Newton Howard
Fotografía: Dean Semler.
Montaje: Chris Lebenzon y Richard Pearson.
Idioma: Inglés.
Duración: 97 minutos.
¿Y para esto me despiertas?
Por David Sancho
Angelina Jolie ha esperado cuatro años para volver a ponerse delante de la cámara y ha elegido un proyecto Disney con intención de transgredir y llegar al público adulto. Se trata de la historia de La bella durmiente contada desde la perspectiva de la bruja malvada, aquí un hada despechada que actúa movida por el odio.
El principal atractivo de la cinta, más allá de su oscura puesta en escena, es la humanización del villano. Algo que ya hemos visto muchas veces, pero que en esta ocasión resulta algo más efectivo por tratarse de un personaje tan famoso.
Lo cierto es que la película no aporta demasiado desde un punto de vista cinematográfico. Hace dos veranos nos llegaba la reinterpretación de Blancanieves de mano de Universal, en lo que parecía la fusión del cuento clásico con la épica de El señor de los anillos. Disney tira por unos derroteros muy parecidos pero tratando de no dejar fuera a los más pequeños.
Hay batallas de bajo octanaje, drama contenido, magia y seres grotescos, cierto humor blanco y el atractivo de volver a ver a Angelina de nuevo en pantalla. Todo muy bien medido para arrastrar al público a las pantallas, pero desde el primer minuto se nota que a la película le falta corazón. Se deja ver en todo momento pero no genera emociones, no conectamos con el sufrimiento de sus personajes ni nos agarramos a la butaca con sus escenas de acción.
Cuando todo está tan calculado para gustar a todo el mundo, o mejor dicho, para no disgustar a nadie, lo que se suele obtener es una película inofensiva y anodina. Maleficent se sobrepone ligeramente a todo esto gracias a unas interpretaciones bastante decentes y por la curiosidad que genera su propuesta.
A la postre, se trata de una cinta para llevar a los niños y no pasarlo mal, o para aficionados al relato clásico que tengan curiosidad por ver cómo lo han reinterpretado, o casi para cualquiera que no tenga nada mejor que hacer durante 90 minutos, pero eso sí, sin esperar demasiado.