Esperando a que M. Lofish nos hable de una de las sensaciones de esta edición (The Raid), os reseñamos hoy dos de los filmes que más adrenalina han traído a Sitges.
Smuggler
Basada en un cómic de Manabe Shohei, la película se sumerge en la estética manga para traernos este relato lleno de humor y violencia. Una combinación con la que se encuentra muy cómodo Katsuhito Ishii, encargado de realizar esta adaptación.
La presencia de un personaje tan carismático como Vértebras eleva mucho el nivel de interés de un film cuyo protagonista es todo lo contrario: un tipo anodino que se ve envuelto en tramas delirantes. Ambos, terminarán empatizando de forma sorprendente.
Es Smuggler una película irregular, con sus altibajos, pero que hace pasar un muy buen rato. Atentos al uso que de la cámara lenta hace Ishii.
The Yellow Sea
Desde Corea del sur llega este tremendo film de acción. Hasta el momento, lo mejor que he visto en Sitges. Unas escenas de acción bestiales, que te dejan clavado en la butaca. Siguiendo la estela de Old Boy, Na Jong-jin se propone dejarnos sin aliento en varios momentos estelares. Y vaya si lo consigue.
Tampoco debemos olvidar los apuntes sociales de The Yellow Sea, que está ambientada en la región más pobre de Corea del sur, un lugar en el que vivir en la pobreza o de la delincuencia son dos opciones altamente probables.
El principal problema que se le puede achacar es un metraje quizás excesivo para lo que quería contar, ya que hay secuencias de transición bastantes prescindibles. Pero el nivel de los momentos de acción es tan alto que les compensarán de sobra. Especialmente, si son aficionados al género.
Dentro de la variada oferta japonesa que ofrece Sitges, durante estos días hemos podido ver un par de propuestas protagonizadas por samuráis. En ambos casos, el harakiri es parte fundamental de la trama. Y en las dos, nuestros protagonistas quedan despojados del arma que da sentido a sus vidas. Ahí acaban las semejanzas de dos propuestas radicalmente opuestas.
Scabbard Samurai
Empieza como una absurda comedia esta película que acaba poniendo un pequeño nudo en la garganta. La premisa es delirante. Detenido por desertor, este samurái tiene que conseguir que el pequeño príncipe sonría (no lo hace desde la muerte de su madre). Treinta días es el plazo dado, y un intento por día.
Gran parte del film se centra en mostrarnos los patéticos intentos de un maduro ex-guerrero intentando conseguir una misión que parece casi imposible. Entre las risas que sí provoca en el espectador, se esconde el drama. Porque nos reímos de él (de sus fracasos) y no con él. Y porque tiene una hija (por cierto, impresionante la joven actriz) que le repudia.
Poco a poco, el film se vuelve más dramático y sentimental. El humor deja paso a la emoción provocada por el apoyo de todo un pueblo a un señor antes repudiado. Quizás excesivamente azucarado y melodramático, cierto es que también consigue momentos de innegable belleza.
Los que nos las prometíamos felices con una parodia sobre samuráis, nos llevamos un pequeño chasco. Siempre se agradece que los temas solemnes se traten desde perspectivas distanciadas a través del sentido del humor. Pero ni en Scabbard Samurai desaparece del todo el peso de la trascendencia.
Hara-Kiri: Death of a samurai
Una trascendencia que desde el inicio cae sobre esta película de Takashi Miike. Unos minutos iniciales portentosos, en el que sufrimos uno de los suicidios más angustiosos de los que hayamos podido ver en pantalla. Y ahí está prácticamente todo contado.
Luego, vienen las explicaciones (demasiado metraje) que acercan a Miike a esquemas más clásicos, entrando de lleno en algo muy parecido al cine social. Necesario, pero innecesariamente alargado. Aunque el japonés demuestra que también sabe ponerse serio y profundo. Un reposado ejercicio que ahonda en ese concepto tan vago que es el honor.
Lo más decepcionante, un epílogo en el que el director mete una secuencia que parece directamente sacada de 13 asesinos. Una secuencia que, además, no aporta nada al conjunto de una película que ya es bastante emocionante sin la necesidad de meter acción porque sí.
Y, por cierto, que alguien me explique qué pinta el 3D aquí.
En el género fantástico hay temas estrellas que se repiten de forma cíclica. Uno de los más recurrentes es, sin duda, el fin de la humanidad (que ya decíamos que tiene gran presencia en la edición de este año). En los últimos años, además, podemos observar que se impone la tendencia de tratar el tema desde una perspectiva lo más realista y austera posible. Filmes en los que el fin de los tiempos se convierte en una vuelta al principio. La lucha por la supervivencia, pura y dura. Con la dificultad añadida de una terrible escasez de recursos, que es el tema favorito de los filmes apocalípticos más recientes. Recuerdo como pionera a El tiempo de lobo (Michael Haneke, 2003), o títulos más recientes comoLa carretera (John Hillcoat, 2009).
Menciono estos dos títulos no por casualidad, ya que Hell comparte con ellas (especialmente con la última) otra característica. La forma de reflejar el comportamiento humano. En circunstancias extremas, casi que podemos dividir el mundo en dos: los que acuden al amor y la solidaridad como única forma de mantener la escasa humanidad que les pueda quedar. Por otro, los que quieren sobrevivir por encima de todo, aunque para ello tengan que pisar al más débil. Ambos, matizados por el miedo y la desconfianza.
Pues ésta es la senda que sigue Hell. Una perspectiva muy vista últimamente. Aunque la ópera prima del suizo Tim Fehlbaum intenta darle una entidad al grupo de "villanos", que en otras películas aparecen demasiado caricaturizados (recordemos A ciegas). Fehlbaum les hace comportarse de la forma más deshumanizadora posible, para luego hacernos llegar su humanidad. Es ese pretendido contraste lo más estimulante de un film que, sin embargo, se va perdiendo en continuos golpes de efecto que intentan aportar tensión, pero que terminan siendo una rémora.
Another Earth
Pero también el drama es un género con sus temas recurrentes. Uno de los clásicos es el de la redención. Alguien que comete un terrible error en su vida, y cuya obsesión es intentar subsanar el entuerto. O, al menos, compensar a la persona perjudicada en lo posible.
Another Earth sigue el esquema clásico de alguien que oculta su identidad para acercarse a otro alguien a quien termina ayudando. En este sentido el film del también debutante Mike Cahill, no difiere mucho de otros similares.
En este caso es la introducción del elemento fantástico la que le concede a la película lo único original. La presencia de otro planeta Tierra exactamente igual al nuestro (personas incluidas) es la atractiva premisa con la que se inicia el film.
El problema es que la introducción de esta variable queda relegada a un muy segundo plano. Hubiera estado bien que el director se hubiese atrevido a imaginar más la interacciones entre ambos mundos. Entendemos que supone un gran riesgo, y que el peligro de caer en contradicciones e inverosimilitudes es grande. Pero visto que dándole un tratamiento tan somero, Cahill ya cae en esos errores, seguro que un ejercicio de mayor imaginación hubiese resultado mucho más plausible.
Al final, parece que la segunda Tierra sólo es algo metido con calzador para darle un toque exótico a este tópico drama. Ah, y para darle una resolución de lo más naïf. En fin, una idea con gancho lamentablemente desaprovechada.
El pasado jueves comenzó la 44 Edición del Festival de Cinema Fantástic de Catalunya. Dentro de su amplísima sección oficial (dividida en varias subsecciones) podemos encontrar los trabajos de nombres tan reconocidos como Takashi Miike, Béla Tarr, John Landis, Steven Soderbergh, Aberl Ferrara, Nacho Vigalondo, Lars vvon Trier, Jaume Balagueró, Mary Harron, Marjane Satrapi, o Francis Ford Coppola.
El certamen se ianuguró con Eva, ciencia-ficción futurista dirigida por Kike Maíllo, y una de las grandes apuestas nacionales de la temporada. Entre lo que se ha podido ver ya estos días, el apocalipsis según Ferrara en 4:44 Last Day On Earth, o el de Soderbergh en Contagio. El fin del mundo, gran protagonista de esta edición.
A partir de hoy les contaremos lo más interesante del festival desde este rincón.
Dos de los estrenos dominaron la cartelera el pasado fin de semana. Johnny English Returns con casi millón y medio de recaudación, y Los tres mosqueteros con poco más de un millón, ocuparon las dos primeras posiciones. El otro estreno que entró en el Top Ten fue Larry Crowne. Nunca es tarde. la película dirigida por Tom Hanks entró en quinta posición con algo más de medio millón.
Con derecho a roce, la anterior líder, cae hasta el tercer puesto con 0,73 millones; mientras mantiene muy buenos datos No habrá paz para los malvados, en cuarta posición con 0,59 millones.
El árbol de la vida empieza a acusar su carácter de película "difícil", y cae hasta el sexto puesto recaudando 0,34 millones. Con algo menos de esa cantidad se sitúa La cara oculta en séptimo lugar.
Los tres últimos puestos consiguieron una recaudación en torno a los 0,2 millones. La deuda, Cómo acabar con tu jefe y Phineas & Pherb cierran este Top Ten.
Desde el primer momento, la cámara de Sandra Sánchez hace notar su presencia. Desde el principio sabemos que va a ser un integrante más del film, y que va a influir en el comportamiento de los participantes. Así, para empezar, se acaba con la eterna disyuntiva del documental. Captar la realidad, sí. Pero siendo conscientes de que la realidad es otra si hay una cámara por medio.
Durante todo la película se hace evidente en las interacciones que tienen los miembros femeninos de la familia con el visor. Unas interacciones que, por cierto, provocan algunos de los mejores momentos de este documental. Como aquel en el que Lourdes es incapaz de controlar uno de sus ataques de ira, y se lamenta ante la cámara de no poder evitar el enfado.
Pero también se establecen relaciones menos evidente. Ahí está la desconfianza con la que los personajes masculinos miran casi de reojo a ese elemento extraño que se ha colado en sus vidas. Especialmente ese padre de familia al que vemos bastante poco, y que se acaba convirtiendo en involuntario protagonista casi ausente. No es menos cierto que podemos asistir también a la evolución de ciertos miembros, que cada vez se sienten más cómodos con respecto al agente exterior.
Otro punto muy interesante de Tralas luces es la permanente contradicción entre lo que habla y lo que siente su protagonista. Cada vez que repite lo mucho que le gusta la vida de feriante parece querer autoconvencerse de que eso es así, mientras que su rostro y su día a día reflejan pocos momentos de felicidad. Siempre hay una amarga queja implícita que no puede disimular.
Al final, lo que empieza por querer ser un retrato de la vida nómada, se transforma en un relato personal de alguien que quiere encontrar su sitio en la vida. Esperanzas añejas y presentes frustraciones se unen para desembocar en una variación de un rumbo vital insatisfactorio. Por cierto, a pesar de que Lourdes habla del machismo imperante en su cultura, y ella misma reproduce algunas actitudes que lo propician; también hace mucho más de lo que ella cree por defender la figura de la mujer.
Quizás de duración excesiva, la reiteración es el principal problema de una película que se deja atrapar por su protagonista, que se ha dueña de ella. La directora tiene la suficiente paciencia para dejar que las cosas vayan pasando, sin forzar, y que la película vaya creciendo a su ritmo. Así consigue momentos de gran autenticidad y honestidad, aunque como decimos, también se repiten en demasía determinadas constantes durante todo el metraje.
Todos los adjetivos se quedan cortos. Genio, visionario, y mucho más. Steve Jobs es un personaje fundamental en la Historia reciente. Presidente ejecutivo de Apple Inc., su importancia en el mundo de la tecnología es indiscutible.
¿Y qué aportación ha hecho Jobs al mundo del cine? Nada más y nada menos que ser co-fundador de Pixar, otra compañía pionera. En 1986 compró The Graphics Group (división de Lucasfilm) por unos 5 millones de dólares. Poco después, la empresa pasaría a llamarse Pixar. Y el resto de la historia ya es conocida por todos. Toy Story fue el primer largometraje realizado íntegramente por ordenador, fundacional film del que Jobs es productor ejecutivo.
Desde 2006 Jobs era, además, uno de los principales accionistas de Disney.
Se va un genio. Un visionario. Y todos los adjetivos que se les ocurran.