El Círculo de Bellas Artes programa cuatro ciclos para este mes de octubre.
Durante esta semana, podremos ver el II Festival de cine polaco, en el que podremos ver una muestra de esta semi-desconocida cinematografía, incluyemdo el estreno de Essential Killing.
Entre el 11 y el 13 de octubre, en colaboración con la Filmoteca Española, se programa Sombras recobradas 2011; en la que se recuperan joyas del cine mudo.
Quizás el ciclo más interesante sea el que está previsto del 14 al 23 de octubre. Una retrospectiva dedicada al director japonés Satsuo Yamamoto, desconido en occidente, pero figura clave del Nuevo Cine Japonés. Se proyectarán ocho películas de su filmografía.
Por último, una bonita iniciativa. Entre el 27 y el 30 de octubre, Cine para todos, con una selección de películas con temática relacionada con la discapacidad. Películas que han sido adaptadas, audio-descritas y subtituladas para facilitar el acceso a todo tipo de público.
Stella (Léora Barbara) es una niña de 11 años, introvertida pero curiosa por el mundo que le rodea. Vive con sus padres en un bar del extrarradio de París donde la tratan casi con las mismas libertades de un adulto más. Sus padres, la quieren y desean lo mejor para ella, pero andan demasiado concentrados en sus vidas y sus vicios, dejándola un tanto desatendida y exponiéndola a un ambiente que no suele considerarse el más apropiado. A la hora de pasar a la escuela secundaria es aceptada en una prestigiosa escuela, lo que supone una gran oportunidad para un futuro mejor. Sin embargo, el ser notablemente diferente a sus nuevos compañeros, le hará diana de sus mofas y del rechazo por parte de estos. Adaptarse no será fácil para Stella, que inicialmente responderá de manera conflictiva poniendo en peligro su continuidad en la escuela.
A pesar de ser la misma historia, contada tantas veces, del paso hacia la adolescencia en un medio adverso y de cómo las decisiones y circunstancias del protagonista determinarán su devenir, los detalles la hacen distinta y personal. Un precedente claro es François Truffaut y Los cuatrocientos golpes (1959), a la cual homenajea en distintos puntos (no puede ser azar que ambos protagonistas lean Balzac). Con ella comparte además la gran carga autobiográfica desde la que se cuenta: la película se basa en los recuerdos personales de niñez y primer año en la escuela secundaria de su directora, Sylvie Verheyde.
La historia de Stella, aunque pudiendo ser en algunos momentos bastante dura, se nos cuenta con sencillez y sin dramatismos innecesarios. La trama fluye mostrando sus tropiezos y sus avances manteniendo hasta el final la duda de si habrá esperanza para ella o quedará atrapada por su ambiente. Serán determinantes las personas que encontrará en su camino, en especial Gladys (Mélissa Rodriguès), una compañera de clase, hija de unos intelectuales argentinos que le servirá de apoyo en la nueva escuela, le abrirá las puertas hacia un mundo nuevo y en especial le descubrirá la pasión por la lectura.
Gran parte de la simpatía que despierta la película se debe al trabajo por parte del reparto infantil, sobre todo de la pequeña protagonista, Léora Barbara, que desde el principio se gana al espectador. El reparto lo completan Karole Rocher (la madre de Stella), el cantante Benjamin Biolay (padre de Stella) y el desaparecido Guillaume Depardieu (cliente del bar) que, sin ejecutar unas actuaciones espectaculares, convencen en sus respectivos papeles.
Stella se estrena con tres años de retraso pero finalmente lo ha hecho gracias a la distribuidora GOOD FILMS de reciente aparición que esperamos siga dando la posibilidad de que lleguen al público general estos pequeños descubrimientos.
Intérpretes: Stephen Dorff, Elle Fanning, Chris Pontius, Michelle Monaghan, Kristina Shannon, Karissa Shannon, Alden Ehrenreich, Lala Sloatman.
Música original: Phoenix.
Fotografía: Harris Savides.
Montaje: Sarah Flack.
Idiomas: Inglés.
Duración: 98 minutos.
Lost in parenthood
Somewehere trata de una estrella de cine que está fuera de su casa. Prácticamente un personaje sin un hogar que se encuentra con su hija, la cual vive con su ex-mujer, y con la que no tiene demasiada relación. A partir de ahí se nos muestra como se trastoca su cotidianidad debiendo dejar a un lado su vida de desenfreno para atender a su hija de la manera más responsable posible.
Bajo esta premisa Sofia Coppola retrata la triste y solitaria vida de este actor y como todo cambia cuando se reencuentra con su hija, algo que nos recuerda peligrosamente a Lost in translation, la mejor película de Sofia hasta la fecha. Partiendo de las similitudes existentes entre ambas películas en cuanto al tono, el argumento, el fondo y el tempo, resulta inevitable hacer comparaciones entre ambas, ante las que Somewhere difícilmente puede salir bien parada.
Aun así, las virtudes de esta película son muchas, la relación padre/hija está bien retratada, con mucho encanto y cercanía, el hastío del protagonista está casi tan bien retratado como el de Bill Murray en Lost in translation, una parquedad en la puesta en escena y en la dirección que sirve a las mil maravillas para trasmitir lo que se desea trasmitir, una banda sonora compuesta por Phoenix que gustará mucho a los que, como a mi, les guste el grupo del marido de Sofia, además de mostrarnos a un Stephen Dorff revitalizado gracias a una oportunidad de hacer algo más que las basuras a las que nos tiene acostumbrado.
De entre los contras, varios de gran importancia. El primero, la sensación de déjà vu mencionada anteriormente, y el segundo, el aburrimiento que genera la película en algunos momentos, la lentitud de unas escenas que además de lentas no aportan demasiado, para dar lugar a una película que es como la versión de todo a cien de una gran película que no necesitaba de apéndices.
Intérpretes: Aimee Teegarden, Thomas McDonell, DeVaughn Nixon, Danielle Campbell, Yin Chang, Kylie Bunbury, Nicholas Braun, Jared Kusnitz.
Guión: Katie Wech.
Música original: Deborah Lurie.
Fotografía: Byron Shah.
Montaje: Jeffrey M. Werner.
Idiomas: Inglés.
Duración: 103 minutos.
Adolescentes Disney
Creo que me encuentro ante la reseña más complicada que haya hecho nunca. Hablar de una película Disney sobre un baile de fin de curso con la típica historia de chica estudiosa y decente que se enamora de tipo duro pero con sentimientos es bastante complicado. Lo normal sería que la pusiese a caer de un burro fuese cual fuese el resultado, porque difícilmente un lector te va a tomar en serio si resulta que dices que has llegado a disfrutar con algo así. Por lo tanto me encuentro posiblemente ante un suicidio intelectual, ante la inminente pérdida de cual tipo de credibilidad que pudiese tener.
Ya os he contado de que va la película grosso modo, y básicamente no hay mucho más donde rascar. Otras historias de adolescentes cien veces vistas que no nos van a sorprender en ningún momento y personajes planos y llenos de clichés. Ahora la cuestión es lograr haceros entender porqué creo que la película no es tan detestable como debería ser o como dicen la mayoría de los críticos que es.
La principal baza de la película es que en ningún momento sientes vergüenza ajena viniéndola, no hay momentos en los que quieras meterte en la pantalla y asesinar a los protagonistas, cierto es que tampoco hay nada que la haga digna de un segundo visionado, pero si alguien ha visto alguna otra película Disney de este estilo sabrá que no es muy habitual hallar algo de dignidad en ellas. Nos encontramos con cientos de lugares comunes mostrados con naturalidad, sin estridencias, con unos actores correctos y una dirección que nunca opta por la vulgaridad típica de las cintas adolescentes, sino por el humor más blanco posible.
Tal vez en mi obsesión por convencer al lector de que esta película no es la mayor basura del año me haya excedido y haya podido dar la impresión de que la película posee una cualidades ocultas que la convertirán en un clásico del cine adolescente al estilo El club de los cinco… para nada, esta película es un aprobado justito justito, una película perfecta para llevar a tus hijos, sobrinos, nietos, etc. sin que tras verla necesites atención psiquiátrica urgente, lo cual, en el mundo Disney, es un logro mayúsculo.
Guión: Christopher Morris, Jesse Armstrong, Sam Bain, Simon Blackwell.
Fotografía: Lol Crawley.
Montaje: Billy Sneddon.
Idioma: Inglés.
Duración: 97 minutos
Leones y corderos
Criado en la brillante cantera de la comedia televisiva británica, Chris Morris ha dado el salto a la gran pantalla con un trabajo cuya concepción ya es digna de aplauso. Y es que siempre es de agradecer que se use el humor como arma para denunciar las barbaridades que comete la raza humana. En la retina siempre estarán El gran dictador (Charles Chaplin, 1940) y Ser o no ser (Ernst Lubitsch, 1942). Dos obras maestras que tenían el gran mérito de satirizar sobre algo que aún estaba ocurriendo.
El terrorismo islamista había sido hasta ahora terreno prácticamente vedado para la parodia en el cine. Y viene Morris con una película que no para de reírse del fanatismo suicida/asesino. Los primeros minutos apuntan muy alto, llenos de gags certeros, haciéndonos pensar que nos encontramos ante una de las películas del año. Mordaz, divertida y crítica se nos presenta Four Lions.
Pero, de repente, los chistes dejan de funcionar, y el nivel de diversión cae en picado. Incluso se quiere poner seria a ratos, lo que termina de matar una película que entra en la misma espiral sinsentido que recorren sus protagonistas. Abocada a un callejón sin salida, aplasta a sus personajes hasta que dejan de interesarnos sus aventuras.
Quizás sea por la costumbre de los códigos televisivos, pero da la impresión de que a Morris le hubiera funcionado mucho mejor el invento como sketch que como largometraje. Es posible que con una duración menor, el director hubiera manejado mejor el tempo. El caso es que tras su fulgurante comienzo, la cosa se le escapa de las manos.
Una pena, porque se agradece mucho una película con estas intenciones. Es posible denunciar sin tener que acudir al dramatismo lastimero. Y es que el humor negro siempre tiene cabida en una sociedad madura y que sabe afrontar sus desgracias. Incluso diría que ha tardado en llegar un producto de estas características. Pero bienvenida sea este irregular intento de desmitificación.
Ah, y no olviden el nombre de Nigel Lindsay. Sin duda, su presencia hace que Four Lions sea mucho mejor.
Cuando uno termina de ver esta película, tiene la sensación de que se lo ha perdido casi todo. Es decir, que la diferencia entre lo que significó para sus autores y lo que aporta al espectador es abismal. El viaje que emprenden Lacuesta y su equipo seguro que supuso una experiencia apasionante, pero eso es algo que apenas queda reflejado en las imágenes de Los pasos dobles.
El punto de partida del film lo encontramos en una historia que el pintor Miquel Barceló le contó a Lacuesta. El artista François Augiéras habría encontrado en pleno desierto africano un bunker militar que cubrió por completo de frescos. entonces, decidió que la arena escondiera esas pinturas hasta que fueran encontradas por “el hombre del siglo XXI”. Es la búsqueda de la leyenda el motor que hace arrancar este proyecto.
Un proyecto que es gemelo de El cuaderno de barro, documental sobre la figura de Miquel Barceló, quien también tiene un papel en Los pasos dobles. Una especie de díptico que encuentra sus momentos más auténticos en el documental aún no estrenado.
Volviendo a Los pasos dobles, la enigmática búsqueda termina siendo una excusa, y la película se convierte en algo libre e improvisado. De esa libertad nace, que duda cabe, algún momento puntual de indudable belleza. Pero también provoca que la película acabe naufragando a la deriva.
Las gentes y los paisajes de Malí se apoderan del film, pero las imágenes poco transmiten más allá de retratos y cuadros pintorescos. La emoción brilla por su ausencia, y la superficialidad se apodera del trabajo.
Ojo, no digo que sea superficial todo el trabajo que lleva detrás, que estoy seguro fue algo mucho más profundo de lo que aparece en la pantalla. Sólo digo que el resultado final no capta ni la milésima parte de lo que allí sucedió.
Ahora bien, en una película que se basa tanto en las sensaciones, todo puede ocurrir. A mí no me emocionó, pero ahí tienen al Jurado del Festival de San Sebastián, que le otorgó la Concha de Oro, lo cual me hace pensar que a ellos sí les transmitió esa emoción. Así que lo mejor que pueden hacer es comprobar por ustedes mismos si se encuentran en el grupo de los fascinados o en el de los horrorizados.
La completa retrospectiva sobre Jacques Demy programada en el reciente Festival de San Sebastián, también tendrá su espacio este mes en la Filmoteca. 13 largometrajes dirigió este francés, atípico integrante de la Nouvelle Vague.
Sombras recordadas 2011 es la octava edición de la muestra de la recuepración de películas de la Asociación de Amigos de la Filmoteca Española. Este año se acerca al esplendor del cine mudo italiano.
Continúan dos ciclos que comenzaron el mes pasado. En la retrospectiva de Luis García Berlanga podremos ver sus trabajos en color, mientras que en Mosfilm se proyectarán 17 títulos más producidos por los estudios rusos.
Por último, el ciclo Premios Goya, que proyecta alguno de los títulos que compiten este año por los premios que otorga la Academia española.