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miércoles, 7 de noviembre de 2018

Críticas: Mandy

6/10
Mandy (Bélgica, Estados Unidos y Reino Unido, 2018).
Dirección: Panos Cosmatos.
Intérpretes: Nicolas Cage, Andrea Riseborough, Linus Roache, Ned Dennehy, Olwen Fouéré, Richard Brake, Clément Baronnet.
Guión: Panos Cosmatos y Aron Stewart-Ahn
Música original: Jóhann Jóhannsson.
Fotografia: Benjamin Loeb.

Montaje: Brett W. Bachman y Paul Painter.
Idiomas: Inglés.
Duración: 121 minutos.


Cuando las expectativas arruinan una buena película

Por David Sancho


Mandy es el nombre de la pareja del personaje de Nicolas Cage, la cual un día cruza su camino con el líder de una secta, el cual se obsesiona con ella instantáneamente. Para hacerse con ella, el líder utiliza a un grupo de motoristas venidos del infierno para secuestrarla, posteriormente la mata delante de Nicolas.

La película destaca por una puesta en escena muy potente, con una fotografía que acompaña perfectamente a lo perturbado de la historia. Un casting muy acertado con actores que consiguen transmitir el grado de locura y mal rollo necesarios, encabezados por un Nicolas Cage absolutamente desatado. Posiblemente el mayor logro de su director sea haber dejado que el actor diese rienda suelta a sus tics y aspavientos, y conseguir que no quede grotesco, sino todo lo contrario.

Mención especial también para la banda sonora, empezando por ese comienzo con Starless de King Crimson, y siguiendo con la hipnótica banda sonora del fallecido Jóhann Jóhannsson.
Aunque la película también tiene sus problemas. El principal posiblemente sea que no es tan cafre como uno podía esperar. Tanto hablar de ella en términos grandilocuentes hace que uno espere un nivel de excelencia difícil de alcanzar. Personalmente esperaba, en la segunda mitad, un ritmo a lo Mad Max: Fury Road, pero nada que ver. Cierto es que las dosis de locura son bastante elevadas, pero queda bastante lejos de otras burradas estrenadas en los últimos años.

En algunos momentos parece que la película quiere reflexionar sobre la religión, el fanatismo, las drogas y otros temas similares, pero todo queda sepultado e ignorado bajo mucho ruido, luces y Nicolas Cage.

A la postre, se trata de una película más que interesante, con muchos puntos fuertes, pero que se queda corta en lo que se supone que iba a ser su mayor virtud, el marcianismo y la brutalidad. Algo que se le podría perdonar si tuviese otras virtudes que sirviesen para desviar la atención, pero lamentablemente solo nos queda Nicolas Cage.




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