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lunes, 24 de noviembre de 2014

Los juegos del hambre: Sinsajo. Parte 1

5/10
The Hunger Games: Mockingjay. Part 1 (Estados Unidos, 2014).
Dirección: Francis Lawrence.
Intérpretes: Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson, Liam Hemsworth, Woody Harrelson, Donald Sutherland, Philip Seymour Hoffman, Julianne Moore.
Guion: Peter Craig, Danny Strong; sobre la novela de Suzanne Collins.
Música original: James Newton Howard.
Fotografía: Jo Willems.
Montaje: Allan Edward Bell, Mark Yoshikawa.
Idioma: Inglés.
Duración: 123 minutos.


Los juegos de Hollywood

Por Manuel Barrero Iglesias

Hay dos modas -de dudoso gusto- que Los juegos del hambre sigue escrupulosamente. Una, provocada por parámetros productivos recientes. En sus continuos inventos recaudatorios, a Hollywood se le ha ocurrido dividir en dos el último capítulo de las sagas literarias que lleva a la pantalla. Ocurrió con Harry Potter o Crepúsculo -mejor no hablamos de El Hobbit-, y las aventuras de Katniss no iban a ser menos. El segundo punto viene  ya servido por el contenido de la serie de novelas que adapta. Y tiene que ver con la inevitable disyuntiva amorosa que se le presenta a la joven protagonista de cualquier bet-seller para adolescentes.

Hubo un momento en el que la saga parecía ironizar -a través de su propio argumento- sobre esa necesidad absurda de forzar un trío sentimental. Espejismo. Ya el último tramo de En llamas cae de lleno en un tópico que Sinsajo 1 explota de forma desesperante (cada vez que Jennifer Lawrence dice "Peeta" dan ganas de darle una bofetada). Y eso que el asunto amoroso podría estar perfectamente integrado en la historia de esta heroína a la fuerza. Lo más interesante de la serie es que su protagonista se convierte en líder sin quererlo, alguien cuya máxima preocupación es la gente que la rodea. Ahí encajarían sus familiares, amigos y un posible novio. El problema es que este último acaba desplazando al resto de pilares. Y, por supuesto, la obsesión porque sean dos posibles en lugar de uno.

Esta concesión (¿obligación?) para con el público adolescente resta fuerza al retrato de la manipulación político-mediática a la que se ve sometida Katniss. Al igual que señalamos los vicios que la emparentan con sus similares, es de justicia destacar las virtudes que la diferencian. Y su conciencia política no es común en este tipo de productos. Una vez liberada de la estructura Battle Royale (Kinji Fukasaku, 2000) de las anteriores entregas, este film se dedica a mostrar los entresijos de la lucha desde una perspectiva exenta de cualquier romanticismo idealista.

Aunque debemos retomar el primer punto de esta crítica para hablar sobre lo insatisfactorio que resulta tener que esperar un año para ver la resolución. Para los productores es mucho más rentable dos películas de dos horas que una de tres. Incluso para los fans puede que sea más satisfactorio. Para el resultado artístico las consecuencias no son tan beneficiosas. Aunque no solo por ese estiramiento innecesario. El film sufre una continua tensión entre la búsqueda de un discurso adulto y la concesión comercial. La secuencia del ataque al Distrito 13 es una buena muestra de ello. El director la narra siempre desde el punto de vista de los asediados, creando tensión sin mostrar nunca los ataques. Pero a la vez en esa misma secuencia introduce un elemento -la salvación del gato- de lo más pueril y forzado. 

Habrá que esperar a la conclusión para valorar en su justa medida esta introducción. Pero como toda la saga, estamos ante un producto de inmensas posibilidades saboteado por su propia vocación comercial. Al menos siempre nos quedará el socorrido "es mejor que Crepúsculo".



viernes, 21 de noviembre de 2014

Críticas: Nunca es demasiado tarde

7/10
Still Life (Reino Unido-Italia, 2013).
Dirección y guión: Uberto Pasolini.
Intérpretes: Eddie Marsan, Joanne Froggatt, Karen Drury, Andrew Buchan, Neil D'Souza.
Música original: Rachel Portman.
Fotografía: Stefano Falivene.
Montaje: Gavin Buckley, Tracy Granger.
Idioma: Inglés.
Duración: 92 minutos.

Memento mori

Por Sofia Pérez Delgado

Dos tontos todavía más tontos

6/10
Dumb and Dumber to (Estados Unidos, 2014).
Dirección: Bobby Farrelly, Peter Farrelly.
Intérpretes: Jim Carrey, Jeff Daniels, Rob Riggle, Laurie Holden, Rachel Melvin, Kathleen Turner.
Guion: Sean Anders, Mike Cerrone, Bobby Farrelly, Peter Farrelly, John Morris, Bennett Yellin.
Música original: Empire of the Sun.
Fotografía: Matthew F. Leonetti.
Montaje: Steven Rasch.
Idioma: Inglés.
Duración: 109 minutos.

La incorrección de lo ingenuo

Por Manuel Barrero Iglesias

Vista veinte años después Dos tontos muy tontos (1994) no parece haber resistido demasiado bien el paso del tiempo. Para ser honestos, nunca sentí especial predilección por la ópera prima de los hermanos Farrelly, a la que sin duda hay que reconocerle su carácter fundacional con respecto a la Nueva Comedia Americana. El primer borrador de la avalancha que luego llegaría en forma de humor incorrecto y escatológico. Un boceto ampliamente mejorado en la que sería su obra maestra, la referencial Algo pasa con Mary (1998). Una película que mantiene la inocencia de la anterior, pero que se atreve a dar un paso adelante en su exploración de la incorrección.

Porque si hay algo que caracteriza su cine es ese contraste que surge de construir un discurso salvaje a partir de modelos clásicos llenos de ingenuidad. Dos tontos muy tontos se quedaba a mitad de camino, algo que su secuela trata de subsanar. Veinte años después Harold y Lloyd vuelven, efectivamente, todavía más tontos; lo que les hace ser aún más incorrectos. Este nuevo film homenajea de forma evidente a su predecesora, a la vez que rompe con ella en esa secuencia en la que aparece la furgoneta-perro. 

Como no puede ser de otra forma, el argumento es un mero pretexto para la introducción de un gag tras otro. Un bombardeo en el que hay algún chiste fallido, pero donde encontramos una cantidad muy respetable de aciertos en la diana. Como decíamos, la gran conquista del film es acudir a la brutalidad desde la inconsciencia de sus protagonistas. Son esas bromas -y hay unas cuantas- las que hacen de Dos tontos todavía más tontos una secuela que tiene algo que decir respecto al original. Los Farrelly no se quedan en la nostalgia -que también la hay-, sino que afinan su punto de mira en su exploración de la comedia.

Y para ello cuentan con la complicidad de un dúo que vuelve a funcionar a la perfección. Jim Carrey -esperemos que se le haya pasado la fiebre de intentar demostrar que es un buen actor "serio"-  vuelve a hacer lo que mejor sabe: explorar los límites del humor físico. A su lado, Jeff Daniels sigue siendo el contrapunto ideal, con esa parsimonia desesperante. Además, los directores se permiten el lujo de introducir un personaje femenino (joven y atractiva) hecha a imagen y semejanza de los dos protagonistas. Con esto, y las apariciones estelares de Kathleen Turner tenemos una comedia que, sin ser genial, es mucho más que digna.




Estrenos España: 21 noviembre 2014

Se estrena esta semana el último film de Don Coscarelli, cineasta norteamericano de culto, responsable de la saga Phantasma. John muere al final, que estuvo en Sitges 2012, es una surrealista comedia de ciencia-ficción con toques de terror, en la que un par de amigos bastante desastrosos que tendrán que salvar a la humanidad. Una gamberrada alucinógena que rescata lo mejor del cine ochentero.
El otro estreno estadounidense es el que acapara toda la atención del público. Los juegos del hambre: Sinsajo. Parte 1 retoma las aventuras de Katniss, ahora sin otro remedio que liderar la revolución de los rebeldes. Julianne Moore se une a esta tercera entrega de la saga, en el papel de presidente del supuestamente desaparecido Distrito 13.

Dos producciones británicas. El italiano Uberto Pasolini dirige Nunca es demasiado tarde, protagonizada por el gran Eddie Marsan, quien encarna a un empleado del ayuntamiento encargado de encontrar a los parientes más cercanos de los recién fallecidos. También tenemos al infatigable Ken Loach con Jimmy's Hall, otra película sobre obreros oprimidos. En este caso, la acción transcurre en la Irlanda de los años 30, para contar la historia de James Gralton, activista que existió realmente.

Hasta cinco estrenos españoles tenemos esta semana. Antonio Cuadri (La gran vida) dirige Thomas vive, que nos cuenta los ensayos de una compañía teatral en un Monasterio de Sevilla. Adriá Collado protagoniza la comedia Dos a la carta, en la que un broker y un aldeano descubren que son hermanos, y se ven obligados a compartir un restaurante perdido. A Esmorga cuenta en su reparto con Karra Elejalde, en esta crónica de 24 intensas horas en la vida de tres compañeros de juerga. Born es un drama histórico, basado en hechos reales acontecidos en el siglo XVIII, en el barrio de Bornet en Barcelona. Y Un suave olor a canela cuenta la historia de una videocreadora encerrada en su mundo que conoce a el propietario de un restaurante italiano que es su antítesis.

Acabamos el repaso con el estreno francés de la semana. El tiempo de los amantes une a una actriz francesa (Emmanuelle Devos) y a un profesor de literatura irlandés (Gabriel Byrne) en esta historia de amor determinada por el azar.

Escobar: Paraíso perdido

6/10
Escobar: Lost Paradise (Francia-España-Bélgica, 2014).
Dirección y guión: Andrea Di Stefano.
Intérpretes: Josh Hutcherson, Benicio Del Toro, Brady Corbet, Claudia Traisac, Carlos Bardem.
Música original: Max Richter.
Fotografía: Luis David Sansans.
Montaje: David Brenner, Maryline Monthieux.
Idiomas: Inglés, español.
Duración: 120 minutos.


La doble vida de Pablo

Por Manuel Barrero Iglesias

La fascinación que el cine siente por la mafia tiene mucho que ver con esa dualidad entre la vida privada y la "profesional". Hombres muy familiares que cuidan a los suyos con mimo extremo, mientras en su otra cara son capaces de cometer -u ordenar- las mayores atrocidades. Si hay alguien que encarnó esta dualidad extrema fue el colombiano Pablo Escobar. Amado por muchos gracias a sus obras benéficas para los más desfavorecidos, también estuvo vinculado a miles de asesinatos. Mientras su entorno se sentía seguro y protegido, al mismo tiempo sembraba el caos a lo largo del país. 

Andrea Di Stefano narra su relato desde el punto de vista de un extranjero que se introduce en el círculo de Escobar tras enamorarse de la sobrina de este. Un canadiense surfero que solo conoce el lado bueno del mafioso. Es rico, y a la vez generoso con su entorno. El director nunca muestra el lado más oscuro de Escobar, ya que nuestros ojos son los de Nick. Sabe que su nueva "familia" asesina sin pudor, aunque no lo vea. O no lo quiera ver. Pero comprendemos su perspectiva, es lógico que se quede con la imagen proyectada de puertas adentro.
El tramo final del film gira hacia el thriller, género que le estalla en la cara al protagonista. Di Stefano es capaz de crear tensión y consigue con su habilidad narrativa llevarnos de la mano hasta ese camino al infierno. Nick se da de bruces contra una realidad que había sido incapaz de ver, y la perplejidad tiene que dar paso rápidamente a la lucha por la supervivencia. El director conjunta todos los elementos a su alcance para mantener en vilo al espectador, sin olvidar la faceta humana de su historia.

Y para dar aún más empaque al film, ahí tenemos a Benicio Del Toro. Un actor de impresionante carisma para dar vida a un personaje con toneladas de ello. Cada aparición en la pantalla casi que corta la respiración. Escobar: Paraíso perdido no va mucho más allá de su carácter de entretenimiento. Pero como tal, su puesta en escena es ejemplar. Todo un ejercicio de cine para divertir que usa las formas con inteligencia.




Taquilla España: 14-16 noviembre 2014

Interstellar lidera la taquilla por segunda semana. Esta vez se va con más de millón y medio, superando los cuatro totales. Cerca del millón se queda Dos tontos todavía más tontos, que precede a Escobar: Paraíso perdido, esta con medio millón. El otro estreno que se cuela en el Top Ten es Matar al mensajero, en octavo lugar. 



jueves, 20 de noviembre de 2014

Críticas: Matar al mensajero

5/10
Kill the Messenger (Estados Unidos, 2014).
Dirección: Michael Cuesta.
Intérpretes: Jeremy Renner, Mary Elizabeth Winstead, Ray Liotta, Michael Sheen, Barry Pepper, Andy Garcia, Rosemarie DeWitt.
Guion: Peter Landesman, sobre los libros de Gary Webb y Nick Schou.
Música original: Nathan Johnson.
Fotografía: Sean Bobbitt.
Montaje: Brian A. Kates.
Idioma: Inglés.
Duración: 112 minutos.


Goliat contra David

Por Manuel Barrero Iglesias

Estados Unidos es un país que no se cansa de presumir de democracia. El problema de tanto alardeo es que el resto del mundo va a analizar con lupa tus actos, y no resulta tan sencillo eso de respetar las libertades de todos. Menos aún cuando grandes poderes ven peligrar su estatus. Gary Webb fue un periodista que murió en 2004, tras ser encontrado con dos tiros en la cabeza. A pesar de que todo el mundo sabe que aquello fue un asesinato, la policía determinó suicidio. Y a otra cosa.

Pero Estados Unidos también tiene algo muy valioso, y es que tiene una buena cantidad de individuos críticos interesados en airear la suciedad bajo las alfombras. Webb era un ejemplo de ello. Labor que esta película homenajea y continúa.  Eso sí, el film no se enreda con la espinosa cuestión de su muerte, sino que se ocupa de retratar la etapa de su vida por la que mucha gente influyente quería verlo muerto. Un periodista de un modesto medio local que destapa las conexiones entre la CIA y el mundo de la droga, dinero con el que la agencia pagaba sus guerras latinas.

Estamos ante la eterna historia de David contra Goliat. Y aunque el cine nos hace creer que el gigante casi siempre es derrotado, la realidad es bien distinta. David tiene todas la de perder, porque no lucha solamente contra el gigante. También lucha contra los que tienen miedo a Goliat o contra los que le tienen envidia a él mismo. Gary Webb es un periodista que cree en su trabajo, pero sus jefes no quieren enfadar al poder. Y sus competidores lo único que buscan es desacreditarlo. Es esclarecedora la secuencia en la que pronuncia su discuro al recoger el Premio Pullitzer. Una ceremonia en la que apenas hay aplausos, en la que todos miran con recelo a alguien que ha destapado uno de los mayores escándalos de la época. 

La contaminada relación entre medios de comunicación y poder es el gran tema -casi el único- al que Michael Cuesta dedica su entusiasmo. Como es habitual en este tipo de filmes hollywoodienses la vida personal del protagonista ocupa un espacio amplio. Una decisión que puede hacer el relato más "humano", pero con la que se pierde la posibilidad de explorar con mayor profusión las tramas políticas. Ahí le falta algo de valentía a la película, así como en el ya reseñado tema de pasar de puntillas por su muerte. Por lo demás, un sólido trabajo que nos enseña como no siempre ganan los buenos.



 
 
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